CABEZAS

El miércoles día 2 colaboré en el diario El Correo con el artículo Asesinatos. En ese artículo prestaba atención a la cabeza de Jesús Mari Baranda, porque a las personas en general nos asusta y nos enfada que al prójimo le separen la cabeza del cuerpo. Esto es una cosa que se hacía mucho en otras épocas. El hacha del verdugo estuvo muy activa durante la Edad Media y los siglos posteriores hasta que la Revolución Francesa perfeccionó la guillotina, que en realidad llevaba ya un buen tiempo funcionando bajo diversas presentaciones en Inglaterra, el centro de Europa, Italia y los Estados Pontificios. Al pobre Dr Guillotine, que en realidad era contrario a la pena de muerte, se le ocurrió proponer su uso a la Asamblea Francesa para que al menos las ejecuciones fueran más eficaces y menos dolorosas; la guillotina se quedó con su nombre. Hoy día, la mayoría de los Estados occidentales, o bien han abolido la pena capital, o han tratado de encontrar medios"más científicos y humanitarios" de acabar con la vida del condenado sin conseguirlo, porque no existen.



Alguien (todo apunta a su pareja como autora de la acción o del encargo) separó la cabeza de Jesús Mari de su cuerpo y eso es tan horrible según los criterios y sentimientos comunes del ser humano medio de nuestro espacio cultural y época que se ha hablado mucho más de la cabeza muerta de Jose Mari que de la cabeza viva y parlante de Barry Barish, que estaba en Euskadi por los mismos días en que estalló en nuestras caras la macabra noticia. Se habrá prestado incluso mucha más atención a muchas cabezas de ventrílocuo que salen en la televisión a todas horas. La expresión "tiene una gran cabeza" está un poco devaluada porque en el mundo de la política, donde no quedan ya grandes cabezas, se sigue aplicando, solo porque la propaganda se alimenta de exageraciones. A las grandes cabezas les hacemos menos caso, pero, aún así, despiertan más interés del que suponen los cultivadores de lo fácil y lo frívolo, que es lo que la dominante ideología difusa del sistema bendice como apropiado, cool, y popular.

El día 1 de octubre Barry Barish estaba en Donostia dando una conferencia en el marco del Passion for Knowledge, el festival de ciencia de San Sebastián, y eso sí que es un acontecimiento y eso sí que es una cabeza. Barry Barish es un físico experimental norteamericano que, en 2017, ganó el premio Nóbel junto a sus colegas  Rainer Weiss y Kip Thorne porque consiguieron demostrar la existencia de las ondas gravitacionales que Einstein había postulado como teoría. Precisamente su conferencia, la que dio en el teatro Victoria Eugenia, se titulaba "De Einstein a las ondas gravitacionales". Podríamos definir el acontecimiento con la frase hecha "todo un lujo"si no fuera porque la ciencia nunca es un lujo, debido a su vital importancia. El trabajo que desembocó en la observación de las ondas gravitacionales duró 20 años. Un periodista  preguntó el otro día a Barry Barish si estaba familiarizado con la ciencia en Euskadi. Barish contestó que la ciencia necesita una inversión importante y constante y que, en general, en España no se dan esas condiciones. Más o menos fue eso lo que dijo. Barish tiene una de esas cabezas que aportan a la Humanidad cosas importantes. Cosas que pertenecen al patrimonio inmaterial que otras buenas cabezas de cualquier lugar pueden aprender y utilizar en sus investigaciones, siempre que se den las condiciones para que esas cabezas puedan ser convenientemente amuebladas y las investigaciones llevarse a cabo.

También hay malas cabezas admirables, pero sólo los poetas y artistas de talento pueden incluirse en este grupo un tanto extravagante. José Agustín Goytisolo escribió un poema que reza así:

Por ni mala cabeza
yo me puse a escribir
Otro por mucho menos
se hace Guardia Civil.

Por mi mala cabeza
creí en la libertad.
Otro respira incienso
las fiestas de guardar

Por mi mala cabeza
contra el muro topé
Otro levantó el muro
con los cuernos tal vez.

Por mi mala cabeza
siempre digo verdad.
Por mi mala cabeza
me descabezarán.

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