Dos artículos de febrero

(Publicado en la edición impresa del diario El Correo
 el 7 de febrero de 2012, día martes)


Megaupload, miniempleos... Entre lo mega y lo mini


Ya el único equilibrio que parece posible (y quizás tampoco) es el equilibrio presupuestario. Todas las balanzas pesan la desmesura que castigan los dioses clásicos y todas las flechas señalan el signo menos, salvo las flechas de los pisos altos, que indican el camino hacia la sala de reuniones. Desde allí nos decían que íbamos en la dirección del más, hacia la segunda vivienda y el tercer automovil, el cuatro por cuatro y el crucero Costa Concordia, pero hemos naufragado un poco. Claro que antes ya había mucha gente fuera de la alegre fiesta, y las piezas sobrantes caían cada vez con mayor abundancia a estribor y a babor. 
¿Qué hacían, que hacen los capitanes del barco? Después del crecimiento sin fin, nos ofrecen drásticas reducciones, y cuando los sueldos ya habían dejado de crecer (salvo los de los directivos), nos presentan los miniempleos Con sus pros y sus contras, dicen que los miniempleos han funcionado en Alemania. Eso dice Joaquín Almunia.


Los miniempleos son trabajos a tiempo parcial con una retribución de hasta 400 euros. Mejor menos que nada, nos dice Almunia. El problema son las diferencias culturales entre el norte y el sur, entre la ética protestante y la manga ancha ética. No siempre menos es más, pero a muchos empresarios les hace ilusión el minimalismo de las nóminas: menos sueldo, más beneficio. Jornada completa con sueldo de media jornada, contrato de minisueldo y despido libre para el que no se quede más tiempo del que cobra.


Después del cine clásico llegó el manierismo del cine, después de la modernidad la postmodernidad kitsch, después de la socialdemocracia y de las sociedades del bienestar llega la hora de lo mega y lo mini. Por el cableado del mundo los movimientos de información son más grandes y más rápidos; los ordenadores, más potentes y más pequeños. Ahí el dinero se volvió líquido y luego se ha vuelto gaseoso. El dinero se volvió información y fulguró sobre nosotros con un poder semejante al de Tormenta, la heroína de los X-Men. Pronto el dinero se medirá en megas, como las descargas de Megaupload. Megaupload estaba en todas partes, en el límite de lo legal y de lo ilegal, entre la indefinición y la apuesta arriesgada, poco escrupulosa. Ibas surfeando la Red y te encontrabas un enlace para descargar algo y terminabas en Megaupload o Megavideo, esa zona que era un continuo bajar y subir, subir y bajar archivos. Ahora vas por la Red, pinchas para descargarte algo y, si ese algo estaba alojado en Megaupload, te encuentras con el escudo del FBI. Ya no queda tierra virgen ni mar abierto, y Megavideo movía mucha mercancía que llevaba la marca de otros. En cuanto a los miles de usuarios que han perdido información que era suya y sólo suya, sus derechos parecen quedar en el terreno de lo mini y no de lo mega, aunque el megaparo y los minisueldos, en cambio, florezcan en el mismo terreno.




(Publicado en el 
Diario El Correo
el dia martes 14 de febrero
de 2012)


Enfermedad


Ha dicho la consejera Gemma Zabaleta que no podemos mantener unos servicios sociales con estándares noreuropeos sin unos impuestos similares a los del norte de Europa. También ha dicho Gemma Zabaleta que, puestos a fijarnos en países como Suecia, ella propone mirar cómo se cotiza allí una renta del trabajo y cómo se cotiza una renta del patrimonio. Podríamos aprender algo. En general, nos parece bien que el Estado asuma la misión de proteger a los débiles y cuidar a los enfermos. No todo el mundo tiene una familia con recursos, y algunas familias necesitan que las protejan de una situación de desventaja y algunos individuos tienen una situación de desventaja que es su propia familia. Hay quien piensa que el Estado sólo debe regular, y poco, pero muchos creemos que el Estado debe compensar las desigualdades y proporcionar elementos de equilibrio y servicios básicos, como la protección contra la pobreza o la enfermedad. Somos, por definición, la especie enferma. Todos los animales en este planeta de criaturas que se devoran unas a otras tienen sus enfermedades, pero el conjunto de las especies, como norma, se mantiene saludable, precisamente porque las enfermedades y otros depredadores acaban con los débiles o los peor adaptados. Nosotros nos las hemos ingeniado cada vez mejor para sobrevivir a las infecciones y a las taras genéticas, y así, vamos transmitiendo a nuestros descendientes toda clase de males hereditarios e infectando el mundo con nuestras miserias y nuestros productos de deshecho, entre los que se incluyen las toneladas de medicamentos que tomamos para sobrevivir. 


Somos el animal crónicamente enfermo. No una colección de ejemplares magníficos, sino una colección de criaturas adictas a los antibióticos y al ibuprofeno. Hasta nuestros atletas son ya casos de enfermedad, de hipertrofia, de hiperesfuerzo. Nos hemos protegido con un entorno modificado para eludir la implacable criba del medio natural, pero nuestro intramundo humano genera sus propias enfermedades. El trabajo enferma. El estrés crónico produce miles de bajas como las que Esperanza Aguirre va a evitar con su milagrosa mano dura. Hemos creado la medicina para convivir con la enfermedad y prolongar la vida humana, pero al prolongar la vida humana le brindamos a la enfermedad nuevas oportunidades. 


Y la enfermedad las aprovecha todas. Somos la monstruoteca de Fernando Vallejo y el pabellón de reposo de Camilo José Cela. La enfermedad es parte de nosotros. Somos el animal del lenguaje y tenemos una palabra para la enfermedad y muchas para el dolor. La enfermedad no sólo está en nuestros cuerpos; también está en la mente y en el alma colectiva de la especie, impregnando la conciencia y los hospitales y las noches que no se acaban nunca. Y todo eso tiene un coste en los balances de las cuentas públicas y en el impreciso balance de la vida. Hay que pagar.

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