lunes, 27 de agosto de 2012

Poblad la tierra

 Poblad la tierra, dijo el Dios del Génesis. Y durante miles, millones de años, los grupos, las hordas, los pueblos, los ejércitos, las multinacionales se han trasladado de un sitio a otro, cruzando mares y estrechos, poblando tierras despobladas y despoblando tierras pobladas. Cuando la Tierra toda estuvo poblada, salvo los remotos e inhóspitos ecosistemas donde el Dios del Génesis colocó una reserva de vida, los pobladores se dedicaron a poblar lo que estaba poblado. Mala cosa. En sus vaivenes y oleadas, la población humana ha dado lugar a extraños fenómenos, como la vida en las ciudades y el descubrimiento de mundos que ya estaban habitados.
No somos muy distintos de las bacterias, que también pueblan lo que pueden. Las bacterias llevan inscrito en su libro de intrucciones bioquímicas el mandato primordial del Dios de Génesis. Hasta en Marte, ese mundo hostil y desmesurado, podría haber bacterias. Será difícil saberlo porque el Curiosity, la nave terrestre que se ha posado en la roja superficie del planeta rojo, no lleva instrumentos para detectar vida, de modo que no podrá recoger evidencias directas a favor o en contra de la hipótesis de la vida marciana. En cuanto a la población o repoblación de Marte, sería mucho más fácil para algunas bacterias terrestres que para nosotros, los seres humanos, que somos más exigentes en cuanto a las condiciones que necesitamos para vivir.
En nuestra forma de adaptarnos al medio y de adaptarlo a nosotros, hemos creado la vida rural y la vida urbana, el paraiso, urbano o rural, y el infierno, que es principalmente urbano pero también campesino. Una vez creado y poblado nuestro mundo sería bueno pensarlo. Una vez que la historia ha rodado y moldeado el mundo y la Tierra está poblada hasta la saturación, debería llegar el tiempo de la conciencia, pero casi todo en este mundo sigue guiado por procesos inconscientes. Si no fuera así, pensaríamos las ciudades para que se parezcan más a la Naturaleza y funcionen como ella, se autoabastezcan y autorregulen, y pensaríamos también cómo inventar un modelo de vida en el campo liberada de sus raíces en el mundo feudal. 


En España, hoy, los pueblos abandonados durante el siglo XX atraen la atención de muchas personas para quienes la vida en la ciudad se ha vuelto difícil, porque las ciudades se vuelven más hostiles en los periodos de crisis económica. Pero la gente de la ciudad no tiene los conocimientos necesarios para sobrevivir en el campo, dice Maximiliano Herrán, creador de pueblosabandonados.com. Todo un caudal de conocimientos que no están en los libros ni en Internet (saber cuándo se debe plantar una lechuga o cómo ayudar a parir a una oveja) se han perdido en menos de dos generaciones, dice Maximiliano. Pero eso no es completamente cierto. Permanecen en los libros, en la gente que los escribe o los lee, ingenieros agrónomos o veterinarios o antropólogos o buscadores. Lo que hace falta es ponerlos a disposición de todos. Divulgación, se suele llamar esto. Lo curiososo es que nadie se va al campo sin financiación (¡ay, la financiación!) pero parece que algunos lo hacen sin aprendizaje. Esto es una buena medida de la importancia que nuestra sociedad le da al conocimiento.
En la historia del Génesis, nuestro origen es el origen del conocimiento y del precio pagado por él. ¿Somos la criatura que conoce y se conoce o nos creemos más conscientes y conocedores de lo que somos? El conocimiento vive ahora también fuera de nosotros, guardado, organizado, el hileras, en filas, en páginas, en archivos, en memorias, esperando a que lo tomen. El conocimiento puede redimir el campo de sus plagas tradicionales y refundar el mundo rural abandonado. Puede viajar y mezclarse y seleccionarse. Hacer que el campo se parezca más a la ciudad y la ciudad más al campo. Hacer más habitable el mundo. Pero es sólo una posibilidad, en esta era llamada del conocimiento. Podría suceder que todo él quedara al fin fuera de nosotros, guardado, almacenado, inconsciente, inoperante, muerto.

jueves, 2 de agosto de 2012

Cajamarca no está lejos

http://noticias.latam.msn.com/xl/latinoamerica/peru/articulo_efe.aspx?cp-documentid=251852891

Artículo publicado en el Diario el Correo el día  31 de julio de 2012

 

 Cajamarca no está lejos. Está en Perú, pero hablan español allí, además de otras lenguas. Cajamarca está en el mundo, en este mundo nuestro donde el precio del oro sube y la vida humana puede valer tan poco. Está en el mundo de Internet y de los noticiarios y de las grandes multinacionales y de los conflictos que nos enfrentan a elecciones básicas. El agua o el oro, por ejemplo. Ollanta Humala, el actual presidente del Perú, hizo campaña en esta región de Camajarca y preguntó a la población si querían el agua y el oro. Parece que eligieron el agua. ‘Entonces haré respetar la voz del pueblo’, dijo Ollanta Humala. Pero ahora también quiere respetar los tratados comerciales y el proyecto de la mina Conga, impulsado por la empresa estadounidense Newmont y la peruana Yanacocha. Para convertir en realidad este proyecto es necesario destruir cuatro lagunas, utilizar 3.069 hectáreas de tierra y afectar 16.000 hectáreas en total. La población encontraría trabajo en la mina, pero también dependería de la mina para trabajar. Temen que la gran destrucción acabaría con la tierra fértil y los acuiferos de toda la zona. La experencia en casos similares es que se destruyen los recursos que sirven para vivir y sobrevivir mientras los recursos que se generan, la riqueza que alimenta los mercados de capitales, no suelen tocar a la población local, a los desplazados y condenados, a los que trabajan por un salario de miseria en la insalubridad y el peligro. No les toca la riqueza, salvo con una maldición que se ha repetido por todo el mundo, llevando la guerra y la miseria y las enfermedades que surgen de un entorno enfermo a los habitantes de los lugares en los que se extraen minerales preciosos. Así ha sido hasta ahora. ¿Por qué iban a creer las comunidades de Cajamarca que vaya a ser distinto en esta ocasión? No se creen nada. Fue aquí, en Cajamarca, donde Francisco Pizarro prometió que dejaría en libertad al Inca Atahualpa a cambio de un rescate de plata y oro, y donde, una vez que tuvo las riquezas, degolló al Inca y demostró lo que valía su palabra. Ollanta Humala quiere incluir en la Constitución de su país el derecho al agua, pero quiere hacer todo lo posible porque este derecho pueda compatibilizarse con la extracción de minerales, que supone un 60% de las exportaciones del país. “Es posible tener una minería con licencia ambiental y social”, ha dicho. Como esto no se ha visto hasta hoy, la población de Cajamarca se opone al proyecto Conga. Ha habido muertos y detenidos, entre estos últimos el activista Marco Arana, que cuando era sacerdote denunció delitos ambientales y violaciones de los derechos humanos causados por la minera Yanacocha. El Arzobispo de Lima le recompensó en 2009 privándole de sus funciones eclesiales. Marco Arana eligió entre el agua y el oro. Ollanta Humala piensa que no es necesario elegir, y Cajamarca cree que el agua siempre es más valiosa que el oro.


Otro enlace para más información sobre el tema


miércoles, 1 de agosto de 2012

Festivales y mercados


Tengo la intención de veranear en Euskadi. Lo más lejos que pienso ir es a Donostia. También voy a pasar el verano en el país de la música. Se puede pasar el verano muy bien en el país de la música por poco dinero. No hace falta agitar el cuerpo y la mente (que son dos facetas de una misma cosa) danzando por los festivales. ¿Para qué moverse, si ya se mueven el cielo y la tierra y el tiempo? Si queremos festivales, aquí mismo, sin movernos mucho, tenemos el BBK Live Festival y el Festival de Jazz de Vitoria-Gasteiz y el Festival de Jazz de San Sebastián. Luego tenemos las fiestas con sus ofertas musicales y las salas pequeñas y los locales alternativos. Pero si aun queremos gastar menos dinero y menos tiempo, si no tenemos mucha energía que gastar o nos sobra y necesitamos más música, siempre nos queda Spotify. Spotify es el Festival continuo donde coinciden los pobres y los ricos, la música de la sala de tu casa, de las mañanas y las tardes y de las noches despiertas. Estoy escuchando a Mark Lanegan, que es uno de mis cantantes favoritos (por detras, eso sí, de Nick Cave y de Tom Waits) y claro, la música se va metiendo en la letra, la letra en la letra, la letra en la página y lo va empapando todo. Ha sido una debilidad dejar sonando la música. No se piensa igual con música que sin ella. Tendría que borrarla del aire y empezar de nuevo. Pero la música ya se ha metido en el día. El día va a ser un festival de música. Con el último disco de Lanegan lo que hay que hacer es eliminar esa canción en la que rinde homenaje a la música disco, y luego dos de las más “tecno” (homenaje a esos años ochenta que vuelven para destrozar canciones; recuerden lo que le hicieron a Leonard Cohen) y nos queda un album bastante apañado, aunque quizás no tan potente como Bubblegum. Todo esto se consigue con una lista de reproducción personalizada. Yo voy a personalizarme el verano a base de música y  libros y películas. En estos terrenos, la búsqueda y la elección nos permiten encontrar a nuestra dispersa tribu espiritual por todo el mundo.  Acabo de ver Whitnail and I, película inglesa de culto del año 87 inencontrable en el mercado donde se supone que todo se encuentra. No me pregunten cómo la he conseguido. El país del verano es personalizable. Ojalá eso quisiera decir que es de las personas. Hay también un mercado del verano que nos invita a “personalizarlo” como si fuera una camiseta: comprando dentro de la oferta limitada de imágenes del paraíso. Los mercados venden libertad, pero no son de la libertad. Alfredo Pérez Rubalcaba, que es muy listo, ha expresado el sentir de muchos al decir que Rajoy y su Gobierno han demostrado no entender como funcionan. “Llegaron a creer que los mercados (...) eran de derechas y tratarían bien a un Gobierno de derechas, y no saben que los mercados son de la avaricia". Esa era la gran promesa electoral que flotaba en una capa misteriosa y poderosa por debajo de las promesas de Rajoy. Todos nos la creimos un poco porque, claro, todos creíamos, en el fondo o a menos profundidad, que los mercados son de derechas. Lo desconcertante es que el Gobierno creyera lo mismo. Ahora está desconcertado. “El caos florece”, canta Mark Lanegan. Y todo se va, se va yendo con la música a otra parte.

(Publicado en prensa con el título El país de la Música)

Así en el cielo como en la Tierra

  Algunos días el tiempo se vuelve extraterrestre. E s por los cirroestratos. E xtienden su capa gris perla y la luz se e xtraña de sí mi...