miércoles, 28 de agosto de 2013

Mum and Dad are so afraid, Spanish and English versions

Mum and Dad are so afraid

Mamá y papá tienen tanto miedo.
¿De qué tienen miedo? ¿De qué
está hecho su miedo?


El crepúsculo
baja despacio hasta la calle inmóvil
de una ciudad lejana. Y qué azul es el miedo
bajando por la calle de una ciudad lejana.
Y qué hostil es el mundo si flota y sube el miedo
desde la calle inmóvil.


Ahí, siempre alrededor, nos dicen, es el miedo
un gigante invisible que recorre la noche,
sus dedos son cuchillos, su corazón la piedra
negra y fría del odio, y camina afilando
el brillo de sus ojos en el hambre del mundo.


Y qué hostil es el mundo si flota y sube el miedo
desde la calle inmóvil.


Quedémonos en casa esperando otro día.
Otro día se esconde más allá de la noche
Hay un país extraño que podría no serlo
extendido en la noche. Quedémonos en casa
para siempre.


Del libro Tierra Sumergida (antes se tituló Los Países Sumergidos)



Mum and Dad are so afraid

Mum and Dad are so afraid.
What on Earth are they afraid of?
What is their fear made of?
The twilight falls softly on the quiet street
of a far away city. And how blue is fear
as it walks down the street of a far away city.
And how unfriendly is the world if fear floats and climbs
from the stillness, the quietness
of the quiet, still street.


There, around us –they say– fear is always a giant,
an invisible giant who strolls across the night
for the night is his garden.
His fingers are knives and his heart is the stone
of black and cold hate. As he walks he goes grinding
the fire of his eyes on the thirst of the world.
How unfriendly is the world if fear floats and climbs
from the stillness, the quietness
of the quiet, still street.


We'd better stay at home. Let's stay at home and wait
for the new day to come. For there must be a day
hidden behind the night.
And there is this strange country, this foreign land that maybe
could be ours in the daylight
but it's lain in the night. Let's stay at home
forever.


From the book The Underwater Countries

lunes, 19 de agosto de 2013

Isla


El verano

Aunque la luz disipe la niebla de memoria
que invade la ciudad en la estación del sueño,
el verano tiene el efecto contrario
con su sol mitológico y sus tardes vacías.

Se marcha mucha gente. La migración comienza
y se lleva a los más afortunados
hacia playas y hoteles y ese tiempo suspenso,
ese tiempo especial en ciudades extrañas
y países ajenos
donde la vida es sólo una revelación
permanente, y un vagar sin rumbo,
y gozar y aprender, es decir, lo que debiera
ser siempre la vida.

Pero a veces no podemos irnos,
hoy como entonces.
Y es entonces cuando el sol retorna
como un viejo verano.

Y aunque la luz disipe la niebla de memoria
que es una niebla oscura, más intensa en la noche,
el verano tiene el efecto contrario
cuando tiende su cuerpo en tu calle vacía.


(2008, creo)

lunes, 12 de agosto de 2013

De Poemas para la gente: Sábado

En medio de la vida, los días son impares
porque nos falla a veces la memoria.
La mitad de los días se esconde en el olvido,
la otra mitad asoma con sorpresa de ahogado.
El cansancio nos borra muchas horas recientes,
regresarán tal vez con algo de descanso:
emergerán del sueño diciendo nuestros nombres
y nombrando en su vuelta la pérdida final.

En medio de la vida, el cansancio es más fuerte,
duelen los brazos y la espalda duele,
y duele la cabeza, y se le olvida
a la cabeza por qué el dolor acude
tan puntual de mañana.
Ni quiere recordarlo.
La luz es muy alegre sobre todo su olvido.
La luz es verde y clara en este día sábado
en las hojas tan verdes de la hortensia
que no floreció este año.

Y la ciudad parece que hoy no tiene prisa,
En medio de las calles, en medio de los días,
en un charco de olvido
necesario,
ebrio de luz, florece
el día sábado.

La araña ya ha tendido al sol su tela,
la hiedra cubre el muro, los rosales
son más pequeños aún que los geranios.

En el séptimo piso, en un balcón de piedra,
vive el jardín urbano,
inquilino inconsciente.
Y en los ojos con sueño
despierta a la mañana sobre el bulto
de los días pasados.
Duelen
los brazos,
no sé porqué, y la cabeza duele,
no recuerdo por qué.
Pero mi corazón
aún está vivo y fuerte
dentro de su silencio.

(Del libro Poemas para la gente, 2007)

Poemas para la gente: Madrugada

Es madrugada aún. Viene el otoño
y echa sus hojas en la calle,
abajo, su publicidad crujiente
que anuncia nuevos fríos y más oscuridad.

Desde mi ventana
veo pasar muchachas con mochila,
veo pasar un hombre en bicicleta,
y camiones
y maletas que buscan la estación.

En los supermercados que despiertan
cuando la noche aún no se ha dormido
hay un secreto movimiento
de carga y de descarga,
y por la carretera se deslizan los coches
con su sueño atrasado
y vuelven a su casa los que dejan
su turno de trabajo.

Aún llevarán los niños al colegio
antes de bajar las persianas
y rezar para que venga el sueño,
el viejo carbonero,
hombre bueno del saco,
que trae la oscuridad donde reposa el mundo.

Desde mi ventana
el gran supermercado de la esquina
puede verse varado,
como un barco en la luz,
en el vulgar misterio que lo anima.

Y las puertas
que lo contienen
dejan salir un resplandor que anuncia
todo el trabajo y la esperanza,
y la desesperanza y la derrota
y el deseo que nadie ha formulado
pero que está detrás de las paredes,
en la luz encendida,
la súplica inconclusa
que sólo quiere
que llegue el día
y sea, el día,
simplemente amable.

(Del libro Poemas para la gente, 2007)

sábado, 10 de agosto de 2013

Poemas para la gente: El dia


El día ha entrado como un río fuerte,
ha subido a los montes, y a las lomas
cubiertas de cemento, y ha lanzado
su luz por esas calles. Ha sacado,
el día, a la noche de su eje
y a la calle todo lo que dormía:
los pájaros urbanos, los gorriones,
el mirlo y las palomas de los parques,
los conductores de las furgonetas
de reparto, la gente, las gaviotas.

El día ha levantado su luz fuerte
sobre las calles grises de la vida
y allí donde encontraba, vivo, un árbol
ha puesto en marcha un gran motor de hojas
donde la luz hervía alegremente
y todos los recuerdos del viandante
se subían al árbol como sueños
sacados del gran saco de la noche
y entraban en la luz, entre las hojas,
astillas de su hervor y mundo hirviente,
aire de la ciudad que reverbera y pasa.


(Del libro Poemas para la gente, 2007)

viernes, 9 de agosto de 2013

Poemas para la gente: Casa

A veces un mal sueño,
a veces sólo un sueño,
refugio o cárcel
la casa que contiene
toda una vida.

Herencia más pesada que la muerte,
qué colección de muros, dice
el atrapado entre sus muros.

En ella nada fluye
y las horas son lentas como el mismo
cansino andar de la ciudad,
la provincia,
la remota provincia que mira hacia lo lejos
para ver al final de cada ruta
la promesa podrida de las capitales,
fruto caído en tierra que se deshace y duele
cuando a su tiempo no se obtuvo.

La casa:
escenario y señal. Derrota sin impulso.

Pero ¿qué habrá más vivo
que este pequeño territorio
labrado en tu memoria, se pregunta
el que vive a su amparo?

Corredores y estancias que admiten la llegada
vigorosa del día, bien despiertos al sueño
cuando la noche trae sus lentos
mastines de tiniebla,
sus islas, sus quimeras.

Paredes que son carne y son espíritu,
y memoria por tanto. Con la noche
entran las sombras, los nombres de las sombras.
Con el día vuelven los nombres diarios.

¿Habrá más verdadera
vida que esta vida que discurre
sin otra aventura que ella misma
en su oscuro refugio por el que se desplazan
el mar de sombras con su hondura,
el aire tan liviano de la cumbre del día,
el año, el aire, el tiempo?

Llegar y ver crecer los años en sus muros.
Y ver crecer en ellos, suavemente,
la última cosecha.

Si ya todo es
memoria aquí no es necesario
recordar.

La casa
por ti recuerda.

(Del libro Poemas para la gente)

jueves, 8 de agosto de 2013

Poemas para la gente: Las casas

Las casas que nos hacen son del tiempo  
como nosotros somos de la sombra
que inadvertidamente se desprende
de sus rincones cuando llega el alba.

Pelusa de las horas interiores,
qué viento fijo la deshace y lleva
hacia la luz. El tiempo solamente,
marea que en la sombra se levanta.

Las casas que nos hacen son del tiempo
como nosotros mismos. Cada día
busco el tiempo vertido en una casa
como leche en un cazo. Allí me quedo
un momento tan sólo, cuando duermen
los seres que acompañan su misterio,
el misterio modesto de la casa,
la vibración humilde de su vida.

En ese tiempo breve, derramado
como liviana espuma, voy midiendo
el sonido y la luz, la vigorosa
inminencia del día. Es necesario
tomar un tiempo así cada mañana
para escuchar su lentitud que pronto
será premura y gasto. Es necesario
el reborde que anuncia y que divide,
el breve tiempo que anda sin camino
y sin rumbo, llevando
(aunque parezca
que fuera ajeno a él y a su distancia),

el día a su corriente, nuestra vida
a la sombra liviana, sin apremio,
sin detenerse, sin misericordia.

(Del libro Poemas para la gente.
Se publicó por primera vez en la revista de poesía Zurgai en diciembre de 2007)

martes, 6 de agosto de 2013

Poemas para la gente: Los parques

Las horas del día van cambiando la ciudad.

Pasan y ella responde. Y ya es otra.
Es un gran buque la ciudad,
anclado en tierra pero atento al aire.

Allá va por sus horas mudando como un astro.
Las estaciones del día se suceden.
El tren del tiempo llega y parte.


Pero la hora primera y la hora última
son de los parques.

Despiertos en la luz que se transforma
cuando todo se activa o se demora,
(la luz, la misma luz, la máquina viviente
llenándose de luz o vaciándose),
los parques son los centros
que irradian su quietud al final de los ciclos.

Blanca vela que sube o que se pliega:
ese es el signo, la hora del aliento.
Hojas, pulmones, branquias. Luna inmóvil,
signo que avisa
a los pájaros.
El estanque está lleno de reflejos.
Sobre los parques se ha detenido el mundo.

¿No parece que hay solo realidad
y presencia en la lenta llamarada
escondida que nace o que se pierde,
la marea de sombra que recobra
sus pertenencias, o las abandona,
como si nunca fuera a terminar
el tránsito y el ir o el revolverse?

El cálido crepúsculo, digamos,
en un jardín de arena y de cipreses
mientras cantan las sombras, no, los pájaros
y un surtidor repite su arco de sonido.

Pero el tiempo ya crece con su gran voz mecánica,
Y nos llama también
fuera del muro.

Tenemos que marchar. Y allí dejamos,
detrás, a nuestra espalda,
la eternidad que no era nuestra,
la quieta intensidad
que nos expulsa.


(Del libro Poemas para la gente, 2007)

lunes, 5 de agosto de 2013

Poemas para la gente: La tarde

La tarde va cayendo hacia sí misma.
¡Cómo se agita en días laborables
sobre las carreteras! Arde, bulle,
sale de la ciudad. También regresa.
Va camino del centro comercial.

La tarde es numerosa, bien poblada
de gentes, bien provista de artilugios,
(tartanas con motor, grandes camiones,
todoterrenos, coches familiares
y deportivos rojos y ambulancias).

La tarde es excesiva muchas veces.
Y quizás va a llegar la mala hora
en que no pueda ya con tantos coches,
con tanta agitación, con tanto afán
de correr y llegar a ningún lado.

La tarde es numerosa y solitaria,
pues en medio del caos y la abundancia
hay gentes preguntando por su vida,
cada uno en su coche, cada uno
en su banco, mirando hacia la noche.

(Del Libro Poemas para la gente, 2007)

sábado, 3 de agosto de 2013

Poemas para la gente: Hic Sunt Leones


En medio de la plaza blanca y verde
el frío se ha parado de mañana,
y va llamando a todos los gorriones
para que acudan a un rayo de sol.
Para que se demoren y alboroten
sobre las blancas migas que alguien deja
cada mañana en medio de las prisas,
ese pan que alimenta la esperanza,
el juego, la alegría, el aire azul.

En medio de la plaza blanca y verde
alborotan también los colegiales,
corren con uniformes y mochilas
de un árbol a otro árbol, se demoran
en su camino al aula, van llamando
con sus voces despiertas a las horas
y las horas responden derramando
sobre la plaza, sobre sus cabezas,
dones, descubrimientos y esperanza.

En medio de la plaza blanca y verde
hay un camino que no tiene lindes
ni vuelta de hoja. Lleva a la oficina
de seguros y al bar donde la gente
que ha salido de bancos y oficinas
apura su café y habla de asuntos
tediosos e importantes, de minucias
que son como obsesiones, de noticias
como bancos en donde descansar.

En la ronda de acciones que nos hace,
y de horas que cierran nuestras vidas,
el mapa del tesoro se ha perdido,
alguien en su lugar dejó otro mapa
donde el mundo es pequeño y se repite:
la tierra conocida es una plaza
rodeada de un vasto territorio
que nos está vedado. Y la leyenda
sobre esa sombra azul: Hic sunt leones...

(Del libro Poemas para la gente, 2007)

Así en el cielo como en la Tierra

  Algunos días el tiempo se vuelve extraterrestre. E s por los cirroestratos. E xtienden su capa gris perla y la luz se e xtraña de sí mi...