martes, 13 de marzo de 2012

Se habla (del déficit cero)

(Publicado en el Diario El Correo, edición impresa, el dia martes 6 de marzo de 2012)

Ahora se habla menos del calentamiento del planeta debido al enfriamiento económico. La crisis económica es nuestro problema más acuciante, aunque la crisis medioambiental siga siendo el más grave. El lenguaje cotidiano se ha llenado de palabras que hace poco desconocíamos, y si el lector se toma la molestia de entrar en Mercado de espejismos, el blog de Felipe Benítez Reyes, verá que el domingo 26 de febrero este autor daba una serie de ideas para disfraces de carnaval, entre otros, el disfraz de Prima de Riesgo o el de Déficit Cero (este último nos asegura un resfriado de órdago). 

El déficit cero nos tiene más preocupados que ese otro cero que debería representar las emisiones de dióxido de carbono y similares. Hay que tener en cuenta que quienes mandan en la Unión Europea predican el déficit cero, mientras que los grandes productores de petróleo se han dedicado durante años a convencer a la gente de que el calentamiento global no existe. En Washington, por cada congresista hay cinco personas haciendo lobby a favor de los combustibles fósiles. Nos lo cuenta James Hansen, el científico que en 1981 alertó del cambio climático en la prestigiosa revista Science. Hansen dice que a las industrias responsables de las emisiones hay que penalizarlas con un impuesto que aumente un poco cada año. Así, el propio mercado hará que deje de ser rentable producir carbón o petróleo, mientras que la economía podrá irse adaptando al cambio. Como buen americano, Hansen no cree en las subvenciones sino en el funcionamiento del mercado. Y aquí estamos otra vez hablando de economía. 

La ciencia económica, como depende mucho de los datos que se tienen y de los que se tengan en cuenta, y depende de las ciencias exactas, que casi nadie domina, pero a la vez es de una inexactitud asombrosa, sirve básicamente para que todo el mundo eche su cuarto a espadas y arrime el ascua a su sardina. Por no hablar de las afirmaciones que parecen nacer de la ciencia y tienen otro origen. En EE.UU los republicanos les dicen a sus votantes que Europa está como está por gastar demasiado dinero en programas sociales, pero lo cierto es que los países europeos que más problemas tienen no son precisamente los que más han gastado en mantener un estado del bienestar fuerte. Nos lo dice Paul Krugman, que es economista y premio Nóbel de economía. Nos dice que Europa, al introducir el euro sin crear las instituciones necesarias para que funcione, ha reeditado los defectos del patrón oro, que fue una de las causas de la gran crisis de principios del siglo anterior. 

Para Angela Merkel todo se arregla con austeridad fiscal. Sin embargo, los países que están fuera del euro, como Gran Bretaña, pueden permitirse deudas más elevadas. ¿Por qué? Salir del euro no es una buena opción, nos dicen, pero los griegos empiezan a preguntarse de qué demonios les está salvando Europa y Mariano Rajoy no parece dispuesto a reeditar la experiencia griega. Lo cual le agradecemos, por lo que nos pudiera tocar (y esperamos que no nos toque) en esta nueva rifa de mermas y apuros.

martes, 6 de marzo de 2012

Tele-economía, Tele-conexión


(Publicado en el Diario El Correo, edición impresa,
el dia martes 28 de febrero de 2012)



El comercio electrónico, o sea, el telecomercio, el comercio a distancia sostenido por la Red de Redes, ha vuelto a subir en España. En el último trimestre de 2011 el gasto en tiendas on-line españolas superó por vez primera lo que compramos de otros países a través de Internet. Es cierto que las tiendas on-line están en ese espacio virtual donde las únicas fronteras las ponen los idiomas, pero cuando hemos efectuado la compra entran en escena las distancias físicas y las aduanas. Por suerte las webs comerciales españolas son cada vez mejores, y además ahora tenemos Amazon.es, y quizás pronto podamos tener Netflix.es o, mejor aún, contemplar el crecimiento y desarrollo de Filmin o de Wuaki.tv, las dos grandes webs de alquiler de cine autóctonas. Esto ya es otra clase de producto: no el que que viene en su caja, sino el que se transmite por la Red como los datos o el dinero. Hablamos del texto, el programa, la imagen o la película. Este producto tiene el poder del teletransporte casi instantáneo, pero eso da mucho miedo, y se han creado para él fronteras legislativas y prohibiciones encubiertas. Gracias a Amazon, los grandes grupos editoriales y libreros españoles están por fin copiando la fórmula de venta de libros que funciona, y no entorpeciéndola (que tengan creatividad ya es mucho pedir). Comprar libros electrónicos a precios cada vez más convenientes y en condiciones beneficiosas tanto para el vendedor como para el comprador es posible (gracias a Amazon); comprar o alquilar películas on-line es más difícil. El rango de películas disponible en la Red es muy limitado y los precios todavía no convencen. Lo que resulta incomprensible es que se quieran cerrar las webs de descargas si Internet no forma parte de la economía del cine, como nos ha explicado el actual presidente de la Academia cinematográfica, Enrique González Macho. Para todo el personal cibernáutico que se descarga películas gratis y con virus sencillamente porque no hay forma de descargarlas legalmente, el futuro que González Macho aún espera ya está aquí. Es que el futuro llega cuando le da la gana, aunque hay quien se empeña en demorarlo porque le viene mal la hora de la cita. 


Es esta una época extraña: la economia se contrae pero el desarrollo de las telecomunicaciones continúa, afianzando esa extensión de la realidad por donde se prolongan las relaciones sociales y las transacciones económicas. La evolución de la Red y de la tecnología que sirve para estar en la Red (y hacerla) parece indetenible. Se anuncia ya una nueva revolución de las telecomunicaciones y apenas nos hemos adaptado a la primera. Esta mutación del mundo le da a nuestro tiempo su extraño sabor de expansión y decrecimiento simultáneos, de una forma de vivir en la que  aumentan los costes del transporte mientras triunfa el teletransporte de la información, de la imagen, de la palabra. Es el triunfo del telelibro, que es en lo que se han convertido los blogs, de la teleconomía, del telesexo y el telecine. Resuelta la forma de tener la puerta de Internet en casa, se busca el modo de que llevemos esa puerta siempre con nosotros, adaptando los artilugios y reduciendo los costes. La red hizo del ordenador un aparato para estar “conectados”, ha inspirado teléfonos que en nada se parecen a un teléfono, y ahora impulsa el desarrollo del tablet, que es tienda y biblioteca y videoteca y, sobre todo, teleconexión.

domingo, 4 de marzo de 2012

Dos artículos de febrero

(Publicado en la edición impresa del diario El Correo
 el 7 de febrero de 2012, día martes)


Megaupload, miniempleos... Entre lo mega y lo mini


Ya el único equilibrio que parece posible (y quizás tampoco) es el equilibrio presupuestario. Todas las balanzas pesan la desmesura que castigan los dioses clásicos y todas las flechas señalan el signo menos, salvo las flechas de los pisos altos, que indican el camino hacia la sala de reuniones. Desde allí nos decían que íbamos en la dirección del más, hacia la segunda vivienda y el tercer automovil, el cuatro por cuatro y el crucero Costa Concordia, pero hemos naufragado un poco. Claro que antes ya había mucha gente fuera de la alegre fiesta, y las piezas sobrantes caían cada vez con mayor abundancia a estribor y a babor. 
¿Qué hacían, que hacen los capitanes del barco? Después del crecimiento sin fin, nos ofrecen drásticas reducciones, y cuando los sueldos ya habían dejado de crecer (salvo los de los directivos), nos presentan los miniempleos Con sus pros y sus contras, dicen que los miniempleos han funcionado en Alemania. Eso dice Joaquín Almunia.


Los miniempleos son trabajos a tiempo parcial con una retribución de hasta 400 euros. Mejor menos que nada, nos dice Almunia. El problema son las diferencias culturales entre el norte y el sur, entre la ética protestante y la manga ancha ética. No siempre menos es más, pero a muchos empresarios les hace ilusión el minimalismo de las nóminas: menos sueldo, más beneficio. Jornada completa con sueldo de media jornada, contrato de minisueldo y despido libre para el que no se quede más tiempo del que cobra.


Después del cine clásico llegó el manierismo del cine, después de la modernidad la postmodernidad kitsch, después de la socialdemocracia y de las sociedades del bienestar llega la hora de lo mega y lo mini. Por el cableado del mundo los movimientos de información son más grandes y más rápidos; los ordenadores, más potentes y más pequeños. Ahí el dinero se volvió líquido y luego se ha vuelto gaseoso. El dinero se volvió información y fulguró sobre nosotros con un poder semejante al de Tormenta, la heroína de los X-Men. Pronto el dinero se medirá en megas, como las descargas de Megaupload. Megaupload estaba en todas partes, en el límite de lo legal y de lo ilegal, entre la indefinición y la apuesta arriesgada, poco escrupulosa. Ibas surfeando la Red y te encontrabas un enlace para descargar algo y terminabas en Megaupload o Megavideo, esa zona que era un continuo bajar y subir, subir y bajar archivos. Ahora vas por la Red, pinchas para descargarte algo y, si ese algo estaba alojado en Megaupload, te encuentras con el escudo del FBI. Ya no queda tierra virgen ni mar abierto, y Megavideo movía mucha mercancía que llevaba la marca de otros. En cuanto a los miles de usuarios que han perdido información que era suya y sólo suya, sus derechos parecen quedar en el terreno de lo mini y no de lo mega, aunque el megaparo y los minisueldos, en cambio, florezcan en el mismo terreno.




(Publicado en el 
Diario El Correo
el dia martes 14 de febrero
de 2012)


Enfermedad


Ha dicho la consejera Gemma Zabaleta que no podemos mantener unos servicios sociales con estándares noreuropeos sin unos impuestos similares a los del norte de Europa. También ha dicho Gemma Zabaleta que, puestos a fijarnos en países como Suecia, ella propone mirar cómo se cotiza allí una renta del trabajo y cómo se cotiza una renta del patrimonio. Podríamos aprender algo. En general, nos parece bien que el Estado asuma la misión de proteger a los débiles y cuidar a los enfermos. No todo el mundo tiene una familia con recursos, y algunas familias necesitan que las protejan de una situación de desventaja y algunos individuos tienen una situación de desventaja que es su propia familia. Hay quien piensa que el Estado sólo debe regular, y poco, pero muchos creemos que el Estado debe compensar las desigualdades y proporcionar elementos de equilibrio y servicios básicos, como la protección contra la pobreza o la enfermedad. Somos, por definición, la especie enferma. Todos los animales en este planeta de criaturas que se devoran unas a otras tienen sus enfermedades, pero el conjunto de las especies, como norma, se mantiene saludable, precisamente porque las enfermedades y otros depredadores acaban con los débiles o los peor adaptados. Nosotros nos las hemos ingeniado cada vez mejor para sobrevivir a las infecciones y a las taras genéticas, y así, vamos transmitiendo a nuestros descendientes toda clase de males hereditarios e infectando el mundo con nuestras miserias y nuestros productos de deshecho, entre los que se incluyen las toneladas de medicamentos que tomamos para sobrevivir. 


Somos el animal crónicamente enfermo. No una colección de ejemplares magníficos, sino una colección de criaturas adictas a los antibióticos y al ibuprofeno. Hasta nuestros atletas son ya casos de enfermedad, de hipertrofia, de hiperesfuerzo. Nos hemos protegido con un entorno modificado para eludir la implacable criba del medio natural, pero nuestro intramundo humano genera sus propias enfermedades. El trabajo enferma. El estrés crónico produce miles de bajas como las que Esperanza Aguirre va a evitar con su milagrosa mano dura. Hemos creado la medicina para convivir con la enfermedad y prolongar la vida humana, pero al prolongar la vida humana le brindamos a la enfermedad nuevas oportunidades. 


Y la enfermedad las aprovecha todas. Somos la monstruoteca de Fernando Vallejo y el pabellón de reposo de Camilo José Cela. La enfermedad es parte de nosotros. Somos el animal del lenguaje y tenemos una palabra para la enfermedad y muchas para el dolor. La enfermedad no sólo está en nuestros cuerpos; también está en la mente y en el alma colectiva de la especie, impregnando la conciencia y los hospitales y las noches que no se acaban nunca. Y todo eso tiene un coste en los balances de las cuentas públicas y en el impreciso balance de la vida. Hay que pagar.

Enero

Artículos de Enero 2012


El día 1 me levanté bastante pronto por la mañana (bastante pronto para ser día 1) y después de calmar el dolor de cabeza con unas pastillas y un buen café, me eché a la calle. Un ejército de barrenderos y de máquinas limpiadoras trabajaba en las aceras. Barrían y limpiaban los restos de 2011, el año exhausto que se veía tirado por el suelo en forma de confetti y de botellas rotas. La luz, el cielo azul, las altas temperaturas sugerían que el invierno se había retirado lo mismo que la noche. La ciudad estaba en calma, extrañamente en calma.
A mi esta luz, esta vieja sensación de que algo se renueva, estos días primeros del año, me producen un estupor como el que llega a producir lo real cuando lo vemos con otros ojos que no son los de la costumbre. El tiempo no para, pero el calendario, de algún modo, se detuvo bajo el umbral del año y ahora enciende los motores bajo la expectación que produce empezar otro mes de enero con un nuevo Gobierno en Madrid. Ya tenemos el Gobierno que va haciendo de buen grado y con diligencia lo que el Gobierno anterior hacía a regañadientes. Ya se nos va olvidando dónde empezó la crisis y cómo empezó. Ya se nos van olvidando las promesas electorales, la oposición que el partido de la oposición, ahora en el Gobierno de España, ejerció contra algunas leyes y medidas que  ha puesto en marcha o que ha sustituido por otras semejantes. Ya se nos va olvidando 2011 o, mejor dicho, todo lo anterior a 2011, el año en que la crisis financiera se convirtió en crisis de deuda.
Empezamos 2012 con subidas de impuestos, con subidas de precios, pero con rebajas anticipadas. No se vende una escoba, y menos si es eléctrica. Las rebajas en los escaparates han activado un poco el consumo, pero ciertas rebajas del Gobierno producen una preocupación variable. El tijeretazo a Televisión Española puede amenazar un modelo de televisión pública en general encomiable, pero lo que de verdad da miedo es el tijeretazo a la ciencia. Es este un aspecto de la vida de un país, Estado, nación o continente donde no se puede escatimar, porque invertir o cortar la inversión, la estructuración, las mejoras en este ámbito es algo que afecta seriamente a al futuro. Y el futuro siempre llega, antes o después, a corto, a medio o a largo plazo. Lo mismo que llega el año nuevo cada año, si el tiempo no se para para siempre.




Austeridad


Ya nos decía Rubalcaba que tanta austeridad nos llevaba de cabeza a la recesión, pero lo alucinante, en este mes de enero de las alucinaciones, es que nos lo digan las agencias de calificación que nos empujan a la austeridad. Ahora sabemos que Standard & Poors nos va a bajar “el rating”, sea eso lo que sea, si el Gobierno no maniobra drásticamente para reducir el déficit, y sabemos también que nos baja el “rating” o la calificación o lo que sea si el Gobierno se aplica demasiado en el control del déficit, porque entonces vamos a la recesión, dicen. Y así, la recesión, la caída, el descenso y los apuros están garantizados, pero las ventajas de la austeridad ni siquiera están claras. Nada salvo eso, los apuros, las angustias y las angosturas, está claro en este mes de enero de 2012 en que se ha muerto Manuel Fraga y un transatlántico grande como una pequeña ciudad ha naufragado en las costas del sur de Europa. Son dos señales del fin de los tiempos, de los que se cierran, porque Manuel Fraga, que no murió para la política allá en la Transición, hubiera resistido hasta los 100 años, estoy segura, si no se hubiera acabado su mundo en el lento y frío principio de otra cosa que no sabemos qué es. Fraga, el incombustible, se ha ido entre bendiciones y maldiciones, mientras las maldiciones de Standard & Poors iban cayendo sobre Europa. Con este empujón, Francia se suelta de Alemania y aparece junto a España sobre la pista de hielo. Es bueno tener compañeros en la desgracia, las penas compartidas son menos, y con ayuda se soportan los males y se lucha mejor contra ellos. En parte, todo este asunto va tan mal porque la Europa Unidad está bastante desunida. Sin embargo, Moody's, la otra superagencia de calificación, le mantiene la triple A a Francia, y las bolsas no parece que se hayan desmayado, al menos al comienzo de la semana. Falta saber qué dice la tercera persona de la trinidad calificatoria, que es la agencia Fitch, también estadounidense (qué casualidad).


El barco hace aguas, pero tenemos una ventaja sobre los pasajeros del Concordia, y es que los capitanes no pueden abandonar la nave. Como mucho, pueden hacer relevos al timón, dar golpes de timón o darse golpes por el timón. Es lo que hacen los partidos políticos y quizás algo de esto lo hacen también los ministros de Economía y de Hacienda. Dicen que hay competencia entre Luis de Guindos y Cristóbal Montoro. O algo peor. Por cierto, el anuncio de Cristóbal Montoro, hecho la semana pasada, de que tenía un plan para cerrar 450 empresas públicas no sabemos qué efecto tendrá sobre las calificaciones de las agencias calificatorias. Cerrar 450 empresas públicas es una drástica forma de recortar el gasto y también de mandar a mucha gente al paro, sobre todo en este país o países donde tanta gente vive de las empresas públicas o de venderles servicios a las empresas públicas. Hasta el duque de Palma vivía de eso, aunque es llamativo lo mucho que necesitaba para vivir.




Trabajo


Los trabajadores, como somos la mayoría de la humanidad, somos muchísimos y muy variados y no nos ponemos de acuerdo. Las rentas del capital es que son menos gente y tienen muy claros sus intereses; por eso consiguen ponerse de acuerdo. Además, se conocen personalmente de Suiza y de Abu Dabi y sitios así. Las rentas del trabajo abarcan un espectro tan amplio de niveles socioculturales y modos de vida, de gentes de todo el planeta que no se conocen de nada, que es muy fácil acentuar las viejas divisiones y crear otras nuevas. Así, quienes pagamos la crisis y los impuestos, quienes pagamos el crecimiento económico y la competitividad y el pato, somos los trabajadores de diferente especialidad, nivel y condición. El lunes a las cuatro de la madrugada, que es casi como decir el domingo por la noche, se trabajaba en el polígono industrial de Erletxes, en Bizkaia. El lunes a las cuatro de la madrugada, en el polígono industrial de Erletxes un trabajador de 32 años era golpeado por un camión. Murió poco después. El trabajo no debería matar. El trabajo debería ser otra cosa. La gente quiere trabajar para vivir, y el trabajo debería estar al servicio de la vida y no de los balances de las multinacionales. El domingo por la noche me acosté con el titular “Tu Iphone está fabricado por niños de 13 años que trabajan 16 horas al día por 70 centavos a la hora”. Faltaban pocas horas para que muriera en Galdakao un trabajador de 32 años. En Asia, los enormes beneficios de las grandes compañías salen directamente de la vida de la gente, como el agua de un pozo. Es el tiempo de la vida, todo el tiempo de la vida, el que se utiliza en la jornada laboral, y sólo quedan fuera las horas imprescindibles para las necesidades biológicas. Es el tiempo de la vida, el tiempo de que está hecha esta gente, lo que succionan las empresas que fabrican nuestros teléfonos móviles y nuestras zapatillas de marca, y los artilugios, caros o baratos, y la ropa de los pobres de occidente, que, muy a menudo, no pueden elegir qué ropa comprar. Es la salud de esos trabajadores que mueren de su trabajo, de las condiciones de trabajo, allá en Asia, sin que sean noticia en nuestros periódicos, lo que hace crecer los beneficios de los accionistas. El problema de los asiáticos es su trabajo: el nuestro, el paro. Ayer, el último boletín económico del Banco de España decía lo mismo que dicen todos los informes: 2012 va a ser un año de contracción de la economía española, es decir, de recesión y más paro. En Barakaldo, que es la esencia de la Bizkaia fabril reconvertida al sector servicios con sueldos de 800 euros y un gran centro de exposiciones deficitario, en Barakaldo cuatro familias son desahuciadas semanalmente por no poder pagar la hipoteca o los impuestos municipales. Las ayudas sociales en apenas dos años se han quedado en la mitad. Y la distancia entre un trabajador en activo y uno en paro es quizás mayor que la distancia entre un trabajador vivo y un trabajador muerto.




El progreso


Con las últimas vueltas de la historia, a los nuevos ricos de siempre, que nunca son los mismos y que siempre son más zafios, se opone la masa social nacida del derrumbamiento de una parte de las clases medias, sombra amasada con casos, nombres, personas a las que se les ha hundido el suelo bajo los pies. El hambre ha vuelto a ser en Europa el monstruo que duerme bajo la cama, el hambre en los tiempos de las conexiones inalámbricas y de la imagen digital. En los tiempos de la escuela 2.0, los sindicatos de enseñanza griegos nos cuentan que en su país ha habido varios desmayos de alumnos de primaria por hambre. Los recortes de las ayudas sociales les recuerdan a una buena parte de la población que cuando Dios aprieta, aprieta de verdad; y a los grupos de riesgo de antes de la crisis se une la clase media y media baja que protagoniza el desempleo o el florecimiento de los infrasueldos, y que no tiene derecho a ninguna ayuda, según la legislación vigente, o que ve cómo las ayudas desaparecen cuando más falta hacen. Los comedores de Cáritas reciben la visita de personas que no los habían pisado en su vida y los bancos de alimentos no dan abasto, mientras los bancos, que recibieron dinero público a espuertas, al parecer se resisten a hacer circular el dinero allí donde se necesita.


Que el progreso no es inevitable lo sabemos hace tiempo. El progreso, ese invento del siglo de las luces, de la cultura ilustrada europea, es la primera y la última utopía, la más resistente, la isla de tiempo que ni es la misma para todos ni todo el mundo se empeña en perseguir, aunque casi todo el mundo lo hace o cree hacerlo. Persiguiendo el progreso, las sociedades occidentales se han encontrado de pronto siguiendo otra cosa, otras cosas, y nadie recuerda cuándo nos dieron el cambiazo. Sólo vemos que la estela era engañosa, y que podría ser el momento de volver a una idea de progreso más antigua y más sólida. Porque al principio, al principio de este mundo que ha matado sus utopías en los gulags y en los delirios del poder que se perdió por el camino, estaba la idea de que progresar es eliminar el hambre, la explotación y la ignorancia. Y esa idea era buena. Todos estamos de acuerdo en que la idea es buena. Pero sólo es una idea, claro. La ciencia, que nos iba a llevar a un mundo mejor, nos ha traído hasta el negocio de las telecomunicaciones y la idea del progreso ha sido sustituida por la de progreso tecnológico. Eso pasó hace tiempo, en la ciudad mecánica, en Hollywood y en la televisión que te dice lo que tienes que comprar y en el establecimiento que te vende lo que hay que tener. Íbamos a erradicar la pobreza, siempre lo íbamos a hacer, pero estábamos muy ocupados persiguiendo el último teléfono móvil o el último Ipad, ese que se fabrica casi por entero en China, en fábricas llenas de polvo de aluminio que de vez en cuando explotan. El progreso, ya ven.


(Publicados en la edición impresa del Diario El Correo)

Así en el cielo como en la Tierra

  Algunos días el tiempo se vuelve extraterrestre. E s por los cirroestratos. E xtienden su capa gris perla y la luz se e xtraña de sí mi...