lunes, 27 de abril de 2015

Adjetivos. Un artículo de 2014


Es una pena que los adjetivos se conciban como un adorno y se usen para que el tópico insustancial se haga presente junto al nombre. Es una pena porque es penoso. A veces parece que el lenguaje de la publicad es todo el lenguaje, a juzgar por la frecuencia con que las playas son paradisiacas, los recuerdos entrañables, los marcos incomparables y los caldos exquisitos. El lenguaje de la publicidad tiende, en efecto, a ser todo el lenguaje, a invadirlo todo. Para ello debe matar al adjetivo, matar su poder de establecer relaciones o de detectar relaciones entre partes de lo real, su capacidad de entrar en la complejidad viviente de lo real. Cuando aparece antepuesto al nombre, como si fuera un epíteto, el proceso se ha completado y la palabras en cuestión ya no aporta nada: así las vacaciones merecidas pasan a ser merecidas vacaciones, es decir, vacaciones a secas pero con un pegote antepuesto que alguna vez quiso decir alguna cosa.
El adjetivo no es un personaje inocuo que aparece brevemente en escena, saluda y se va, sin consecuencias. El lenguaje nunca es inocente. Cuando el adjetivo carga las frases con los topicazos, cursis o tremendos, de una realidad hecha para que no se vea lo real, está siendo cualquier cosa menos inocente. El adjetivo es especialmente útil para convocar en una fórmula sintética esa afición que tiene lo real por las contradicciones y las paradojas. La realidad está siempre combinando y mezclando cosas, incluso en combinaciones que parecen imposibles. 
La realidad social hace eso. Y hace cosas que no vemos, pero aquello que está fuera del alcance de la vista a veces lo está por ser muy pequeño, como los diez elementos químicos que se han descubierto desde que Rubalcaba dejó la enseñanza, o por ser muy grande, como la galaxia en la que estamos incluidos según todos los indicios. Además hay muchas cosas que simplemente están fuera de nuestro foco de atención mientras los adjetivos saltan por los suculentos manjares y por todos los espectaculares espectáculos del mundo hecho espectáculo a 24 dólares la entrada si se trata del mausoleo del 11S (nos lo contaba Mercedes Gallego en el diaro El Correo). 
La política misma, que es una cosa intrínsecamente pública, tiene un extenso lado invisible, como cuando Europa y los Estados Unidos de América negocian ese tratado comercial del que se habló antes de las últimas elecciones europeas y ya no se habla y nada se sabe, aunque cuando sea misteriosamente aprobado condicionará nuestras vidas. 
Quizás de lo que se trata es precisamente de mantener oculto el origen de los marcos económicos, jurídicos etc que crean las condiciones de la prosperidad o de la ruina, de la libertad o la opresión, para que pensemos que son naturales, inevitables, insoslayables, como los adjetivos que siempre están ahí porque los demás adjetivos han sido retirados de la circulación, porque ya no hay otros.

miércoles, 22 de abril de 2015

Voces. Un artículo de septiembre de 2013


Oigo voces. Pongo la radio y oigo voces, pongo la tele y oigo voces, leo los periódicos, los tweets de mis amigos, y una voz los lee en mi cabeza. La voz de mi cabeza lee las lineas de su monólogo interior. La blogosfera está llena de opiniones; las páginas de información, llenas de declaraciones. Cristiano Ronaldo ha dicho que en la vida hay cosas más importantes que el dinero, pero mi voz interior ha replicado que sin duda las hay para él, puesto que el dinero no es algo por lo que tenga que preocuparse. Javier Cercas ha dicho que el derecho a decidir es un engaño urdido por una minoría para imponer su voluntad a una mayoría, y he pensado en los lugares donde te parten la cara si sueltas esa frase, así que igual tiene razón Javier Cercas, y eso lo digo yo que no estoy para nada en contra de los referendums o referenda o como se diga. Ahora que la “vía catalana” suena más que la Vía Láctea y por supuesto mucho más que la Vía Apia, hay voces en el País Vasco que inauguran un viejo camino. «Con toda la humildad, pero alto y claro, trasladamos el llamamiento a emprender la 'vía vasca' porque nuestro pueblo lo pide» ha dicho Pernando Barrena. Pernando Barrena oye “la voz del pueblo”. A ver, oir ciertas cosas no está al alcance de todo el mundo. Quizás los emperadores de la antigüedad oían la voz del pueblo romano y es sabido que Hitler oía la voz del pueblo alemán, pero un político corrientito sabe lo que le dicen las encuestas, las peticiones con recogidas de firmas y los resultados de las elecciones. Las voces que yo oigo son menos épicas. Aparte de escuchar esa voz que siempre va conmigo (algo así decía Antonio Machado) escucho lo que la gente dice en la parada del autobús, lo que dicen los muertos que dejaron algo escrito y publicado, lo que dice Rajoy cuando dice algo, lo que dice Rubalcaba sobre la solución federal, lo que dicen que dirá la Troika (uy, qué miedo), lo que dicen que dice la juez Alaya, lo que dicen Urkullu, Ortuzar y López después de firmar el pacto entre el PNV y el PSE para asegurar la gobernabilidad de Euskadi, lo que decía el periodista Manu Álvarez ayer cuando escribía que “la reforma fiscal que han pactado (...) PNV y PSE da un tajo a las aportaciones a los planes de pensiones, a la deducción por adquisición de vivienda habitual, a los rendimientos obtenidos del ahorro, a la exención de las indemnizaciones por despido y a la deducción para los mayores de 65 años (…) Pero, sin embargo, no hace ni mención a la posibilidad de retocar el régimen especial que tienen los políticos vascos, que deducen de su base imponible la totalidad del dinero que entregan a sus partidos.” Oigo todas estas voces y muchas más. Son demasiadas. Hasta oigo a mi ordenador leyendo “Abril es el más cruel de los meses” en inglés, con acento británico. Y ni siquiera estamos en abril.

Así en el cielo como en la Tierra

  Algunos días el tiempo se vuelve extraterrestre. E s por los cirroestratos. E xtienden su capa gris perla y la luz se e xtraña de sí mi...