miércoles, 30 de octubre de 2013

En la muerte de Lou Reed

 
Se murió un 27 de octubre Lou Reed, ese tipo insoportable, peligroso para sí mismo (lo fue al menos por un tiempo) y molesto para los demás (lo fue al menos para los periodistas; para su mujer, Laurie Anderson, no lo era, o eso es lo que ella decía). Se fue (eso fue en 2013) el artista grande y el superviviente de sí mismo. ¿La causa de su muerte? Las barbaridades que hizo hace tiempo. A veces la factura llega con algún retraso.  "Soy un triunfo de la medicina, la física y la química modernas, dijo cuando creía que se estaba recuperando del trasplante de hígado que le hicieron en una clínica de Cleveland. Y fue un triunfo, efectivamente, que Lou Reed llegara a cumplir 71 tacos.

Supongo que si Lewis Allan Reed hubiera tenido un gran deseo de vivir hasta los 90 se habría pasado la vida cuidándose. Lo que está claro es que ese deseo no lo tenía cuando era joven.  En fin, cada uno vive como puede, como sabe, cómo dictan las leyes de la realidad y de la genética, y esta clase de muerto es de los que se acostumbraron tarde a vivir, cuando ya han quemado unos cuantos años en la pira funeraria de la vida. Él mismo dijo, no hace demasiado tiempo, que no sabía cómo estaba vivo. Eso era cuando le había cogido afición a la cosa y practicaba tai chi, pero los años quemados ya habían acortado la secuencia posible, el monto total de su existencia. 
Lou Reed no se murió de sobredosis allá por los 70, que es lo que todo el mundo esperaba. No tuvo una muerte violenta y extraña como su mentor y amigo Andy Warhol. Se murió de los efectos retardados de la mala vida, de entretejer la vida y el rock, la poesía y la vida en una experiencia unificada desde la consolidación del arquetipo del músico que toca en la parte oscura de la calle, donde están los perdedores y los marginados. Se murió de ese arquetipo, de encarnar  la figura del “poeta eléctrico” (Diego Manrique dixit) que camina por el lado salvaje, aunque con los años hubiera dejado el lado salvaje para seguir viviendo un poco (en el lado salvaje no se dura mucho, y el que sobrevive a los años furiosos luego se muda a otro sitio). 
Dicen que él y John Cale hicieron del rock un arte adulto con la Velvet Underground. Luego se pelearon y se reunieron de nuevo tras la muerte de Andy Warhol sólo para hacer un disco homenaje dedicado a este último, Songs for Drella.

Lo primero que pasó tras la muerte de Lou es que la Red se llenó de un oleaje de comentarios y reacciones, de venganzas y de elegías. Manuel Vilas dejó caer como bombas algunas de sus frases característicamente emocionales, hiperbólicas, encendidas por el tono de la exaltación y el duelo, mientras que José Luis Piquero aportó en su muro de Facebook algún dato sobre lo odioso que podía llegar a ser el viejo Lou. Lo hizo porque no soporta las hagiografías. “La obra no ha muerto. Sigo con Lou Reed. Con la música de Lou Reed. ha dicho Piquero. Y luego ha añadido: “Pero no me pidáis que me eche a llorar a gritos como si se hubiera muerto mi padre”.

Lou Reed murió cuando quedaban tan sólo cuatro días para la noche de Halloween y un poco más que eso para el Día de Todos los Santos (All Saint's Day en inglés, también All Hallows). Aunque su familia era judía y él no era nada, ya podemos ponerlo en la Santa Compaña de muertos universales. Podemos sacarlo a pasear la noche de difuntos con la cara de momia desagradable que se había fabricado a base de drogas y de rock and roll y de ser tan, tan borde y tan, tan genial como fue mientras estuvo vivo y estuvo construyendo su obra, dentro de la cual estaba el personaje que era él mismo. Podemos escuchar su música (y sus palabras; su música, dicen por ahí, tampoco era tan grande como para salvarse sola, pero están las palabras) y podemos escucharle todo el año, porque los muertos famosos, que antes dejaban cartas y retratos, ahora persisten en un mundo virtual lleno de su presencia. Seguiremos escuchandole y otros lo seguirán haciendo después de nosotros. Otros cantantes que venden muchos más discos y convocan mucho más público que Lou van a dejar espectros menos resistentes. Es así.

lunes, 28 de octubre de 2013

Un banquero llamado Botín, un ministro llamado Montoro: queda inaugurado el comienzo del final de la crisis.

Lentamente, mientras el pasado se cubre del polvo y de tiempo, el futuro se descubre. El nuestro quiero decir, el que tenemos a la vista pero poco, poco descubierto aún. Hay un pasado que se olvida y un pasado que se descubre también, de lo lejos que está, como ese cráneo de casi dos millones de años que ha aparecido en Georgia y que va a reescribir la historia (el pasado) de la especie humana. En cuanto al futuro próximo, el único que podemos ver (un poco), no tiene buena cara, ya que su cara es la de Emilio Botín celebrando que España está en un momento “fantástico”.
Ya nos lo había anunciado el ministro Montoro: estamos saliendo de la crisis. Está claro que una gran corriente de combustible aporta su energía a las esferas donde habitan Don Emilio y el ministro Montoro, mientras que abajo, en los diferentes círculos del purgatorio y del infierno (que es donde come la crisis) todo es más oscuro y más pobre que antes. Hay gente que viaja para descubrir el mundo, pero todos vivimos atados al nudo de la perspectiva del tiempo. Es el viaje que nos lleva. Descubriremos un nuevo mundo, ahora que se anuncia el final de la recesión y los pastores del dinero, esa fuerza monstruosa que viaja por mares y continentes en forma de cardúmenes, tiran despacito de las cuerdas que sujetan la tela, el telón, el velo. El futuro lejano es un panorama al que no llega la vista, pero el futuro inmediato es una instalación de Christo y Jeanne-Claude, que hacían arte con enormes telas y con lo que cubrían las telas.
Cubrir y descubrir es lo que hace el tiempo, y es el ejercicio básico de prestigitadores en el que trabajan los amos del futuro que son, básicamente los amos del dinero, del coltán, del petróleo y sus derivados, del silicio y de las semillas genéticamente modificadas. La tela que cubría el futuro ha estado hecha, en los últimos años, con las nieblas y los astrosos cortinajes de la recesión económica, pero ha llegado el momento en que una fuerza oculta (la del dinero, oculto para la mayoría) tire de las cuerdas y se vaya descubriendo una pequeña parte del animal fantástico y mecánico que estaba detrás, debajo. Las piezas se han reorganizado y la máquina tiene una apariencia algo diferente. Hay menos estorbos para que los recursos fluyan desde los pobres hacia los ricos, de la esfera pública a la privada, como debe ser, claro que sí, como ha sido siempre desde que se inventaron las clases sociales, que se inventaron para eso. El Gobierno de España también está tirando de los hilos, de las cuerdas, destapando lo que va a quedar después de la poda y el encogimento general. Se ha inaugurado oficialmente la salida de la crisis, pero cuando las autoridades cortan la cinta y abren el telón lo que aparece detrás no es muy distinto de la crisis misma. Esta perspectiva es la que no tiene Don Emilio Botín, que lo tiene casi todo.

(Se publicó en el Diario El Corre el martes 22 con el título "Descubrimiento")

miércoles, 16 de octubre de 2013

Escribir sonetos: Las estaciones

 El soneto que se escribe en versos alejandrinos es el soneto modernista por excelencia, una innovación de aquel otro fin de siglo que le dio unas cuantas vueltas a la métrica hispánica por medio de una buena dosis de parnasianismo, simbolismo y todas esas cosas. Yo siempre le he tenido mucha afición a este tipo de soneto. Si el soneto clásico en endecasílabos nos ofrece sus columnas verticales adornadas sólo por la luz, este otro tiene una música más larga y sus columnas se nos presentan caídas en medio de la maleza de un jardín en el que siempre crecen, por todas partes o en un rincón con cierto disimulo, las flores de la adormidera. 
 
Las estaciones
Bien pegado a los muros el jardín se despierta
y oye pasar el tiempo o el viento que lo toca.
Mano azul de los sueños, desesperada boca,
el cielo está cantando como una voz alerta.

El cielo está cantando como una voz despierta,
en el jardín pequeño, breve cuadro de vida.
Y si pasa el invierno, va cerrando la herida
por donde entraba el cielo como una voz despierta.


Por donde entraba el cielo como una voz herida,
entra la luz y enciende, breve cuadro de vida,
la esperanza enturbiada del torpe jardinero.

Entra el cielo y restaña lo que gastó en enero,
marzo y abril devuelven lo que arrasó febrero.
Giran las estaciones en tierra protegida.

Así en el cielo como en la Tierra

  Algunos días el tiempo se vuelve extraterrestre. E s por los cirroestratos. E xtienden su capa gris perla y la luz se e xtraña de sí mi...