martes, 27 de noviembre de 2012

Desahucios

  (Versión extensa del artículo publicado el día 20 de noviembre en el Diario El Correo)
No es lo mismo desahuciar a un inquilino que desahuciar a un enfermo. No es lo mismo la crueldad de la naturaleza que la crueldad de los hombres, aunque tire la piedra y esconda la mano. La crueldad lanza piedras contra tejados y cristales, contra las puertas de las casas, contra las casas. Es frágil la seguridad de los muros. El desahucio también se llama en jerga judicial “lanzamiento”. Una expresión muy gráfica. En sus viñetas todo el contenido de la vivienda sale lanzado por la puerta, incluyendo al perro, al gato y al abuelo, al niño y a la madre del niño, el portal de Belén completo. Ahora se producen multitud de “lanzamientos” por toda Europa, pero ningún caso es más grave que el de España, por una mezcla de factores entre los que se encuentra, según han dicho los jueces, que no yo, una ley obsoleta y especialmente dura. Los 47 jueces decanos españoles se reunieron en Barcelona y debatieron cuestiones que afectan directamente al sistema judicial o directamente a la justicia. “Quisimos tratar (...) los problemas derivados de la crisis, y no quedarnos solo en el análisis de nuestros problemas internos”, dijo uno de ellos. Yo no voy a decir nada sobre la ley actual, porque no sé nada de leyes. No voy a decir que la cambien por aquí y por allá, que le hagan remiendos y enmiendas, pero sí me gustaría que la cambiaran por otra. Me la cambian ustedes, señores legisladores, por otra que sea un poquito menos cruel y que esté funcionando perfectamente en otra parte, ya probada y en rodaje, bien experimentada y pulida en un país democrático de sólido prestigio. Me buscan otra mejor, un poco más justa, y la ponen en lugar de esta y seguro que nos quejaremos un poco menos.
Los jueces están dando mucha guerra últimamente. Se quejan mucho los jueces. Se quejan de los recortes y de las tasas, se quejan de las sentencias que tienen que ejecutar para poner a la gente de patitas en la calle. No han dicho que los bancos estén actuando de forma ilegal, sino al revés, que éstos pueden estrangular a sus acreedores de forma completamente legal. Por eso piden un cambio de la ley (los jueces, que no yo; yo lo que pediría es que me la cambiaran por otra). 
Juliane Kokott, abogada general del tribunal europeo, ha manifestado que debería ser el juez quien controle si en las hipotecas se incluyen condiciones abusivas. Esto no lo permite la ley española. En cuanto a los bancos, no parecen estar por la labor de cambiar nada. Les gusta el decreto-ley del Gobierno: medidas excepcionales para tiempos excepcionales. Están dispuestos a ser magnánimos (eso dicen), pero las plataformas de afectados por las hipotecas quieren otra cosa. Las medidas del gobierno, pensadas para proteger a los pobres, no protegen de caer en la pobreza irreversible por la vía de la deuda hipotecaria.
El señor Santos González, presidente de la Asociación Hipotecaria Española, ha coincidido con el señor Miguel Martín, presidente de la Asociación Española de Banca, en que “cualquier medida restrictiva en torno (...) a las garantías de los créditos”, como ha dicho el primero, debilitaría el crédito y lo encarecería. Tal vez debería ser más caro, el crédito. No es normal que la hipoteca haga las funciones del alquiler, que es lo que ha pasado en España. Algo habría que hacer con el mercado del alquiler en España y con las deudas imborrables. Fijémonos en el país de Angela Merkel. En Alemania, más de la mitad de las familias tienen su vivienda en alquiler, no en propiedad. Desde luego hay que considerar la seguridad jurídica y los compromisos adquiridos con Europa a la hora de introducir reformas legales. Para que nuestros socios europeos no se inquieten, digo yo, podríamos copiar la ley alemana. ¿A quién puede parecerle mal? ¿Quién le pondría objeciones a la ley alemana? Claro que tendríamos que copiar también su marco de protección social, que complementa el marco jurídico. En España, si te comen las deudas lo más probable es que sólo dejen tus huesos, especialmente si le debes dinero al banco. En Alemania te declaras insolvente y tu trato con los tribunales durará años, unos seis años al cabo de los cuales el juez comprobará si has hecho todo lo posible por satisfacer a tus acreedores. Probablemente lo perderás todo por ese camino, pero cuando llegues al final habrás perdido también la deuda. Si lo pierdes todo, recibirás del Estado un subsidio que incluye el alquiler de una vivienda. El artículo 47 de la Constitución Española se cumple en Alemania. Básicamente para los alemanes, claro, aunque también para un español es más fácil que se cumpla si vive en Alemania que si vive en España. Lo sé por experiencia (ajena).
Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación. La comunidad participará en las plusvalías que genere la acción urbanística de los entes públicos.

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jueves, 15 de noviembre de 2012

Ventanas (suicidios e hipoteca)



La ventana no es la salida habitual, pero tampoco es tan infrecuente como tendemos a pensar cuando el mundo está tranquilo, bastante tranquilo, casi tranquilo (más o menos tranquilo) a nuestro alrededor. Ahora recordamos mucho las ventanas de Wall Street durante la crisis del 29. Las recordamos como si las hubiéramos visto, como si hubierámos estado allí, y nos damos cuenta de que todas las ventanas que dan al aire (las que no pertenecen a un primer piso, ni a un segundo siquiera) son puertas por las que marcharse sin decir adiós. Es una forma de irse que la gente elige por diversas razones. A veces dejan sus zapatillas en el alfeizar, cuidadosamente colocadas como si indicaran algo, y a veces dejan una silla que sirvió como escalón. El caso es no estar allí cuando llega la cuidadora de la residencia, el familiar que abre la puerta para que pase el nuevo día o la “comitiva judicial”, que es según parece el nombre de ese grupo de personas que entra en tu casa para echarte a la puta calle. El caso es no estar nunca más.
Hubo un tiempo, o diversos tiempos, en diferentes países europeos y americanos, en que se pagaba un impuesto por las ventanas. Así que las casas de los pobres no las tenían. Las de los campesinos, por ejemplo. El proletariado urbano, en los peores años del capitalismo incipiente (que quién sabe si habrán sido los peores tiempos del capitalismo) se hacinaba en habitaciones sin ventanas, pues no las había para todos después de repartir el exiguo espacio interior. Era imposible escapar por la ventana, y por eso la gente solía darse una vuelta hasta el río más cercano, ya fuera el Támesis, el Sena o el Nervión-Ibaizabal. El siglo XX, con el desarrollo de las edificaciones en altura y la multiplicación de las ventanas, ha supuesto un nuevo capítulo en la historia del suicidio.
La ventana de Amaia Egaña daba a un paisaje, interior y exterior, de clase media, y en la urbanización de clase media en la que vivía su muerte cayó como una bomba dispersando la indignación y el miedo y el sobresalto hacia otros barrios donde la gente es aún más vulnerable, y siguió extendiéndose como un sonido que avisa de que nadie está a salvo, salvo ese 2% de la población que posee la mitad de la riqueza del mundo y algunos otros que también están demasiado arriba para caer (sus ventanas son grandes y herméticas y dan a un gran paisaje, a un plano general).
 Ante la sirena que se propaga en círculos concéntricos, quienes crearon el problema son los mismo que ahora retroceden, con prudencia o susto, y tratan de buscar soluciones. Los bancos, por ejemplo, que daban créditos a las constructoras para que hicieran pisos y a los trabajadores de la construcción para que los compraran. Los partidos políticos mayoritarios, que durante todos sus años de gobierno y desgobierno han fomentado la vivienda como elemento económico y especulativo, como señuelo y cebo, como inversión y deuda y trampa. ¡Todas las ventanas que han contribuido a crear, y que ahora pueden servir para que la gente se tire por ellas!
  
(Publicado en el Diario El Correo el martes 13 de noviembre de 2012)

sábado, 3 de noviembre de 2012

La pobreza

Las pateras salen de Africa cargadas de mercancía, pero la mercancía que traen empieza a sobrar en Europa. Estamos oyendo el lento avance del hambre. De Grecia nos empezaron a llegar historias sobre ese viejo monstruo, el viejo monstruo que aparece una y otra vez en las leyendas populares donde la gente no sólo ponía el mundo fantástico de los espíritus, sino el mundo atroz de las malas cosechas. María José Tomé, periodista del diario en el que colaboro habitualmente, ha visitado las consultas de los pediatras aquí mismo, aquí cerca, y escuchado el mismo rumor: “Había una vez un matrimonio muy pobre que no podía alimentar a sus hijos”. Esta es una de las fórmulas con que empezaban los cuentos tradicionales. Le dicen los pediatras a María José Tomé que muchos padres no pueden comprar carne ni pescado para sus hijos. La dieta de una parte de la población está variando, se está adaptando a la pobreza. Dicen los médicos que lo que ellos detectan es seguramente la punta del iceberg. En la sombra y el frío de la parte oculta del iceberg están los callejones sin salida, las calefacciones apagadas, las oficinas bancarias donde encuentran un lugar donde dormir los que se han quedado en la calle, la gente que no tiene ya ganas de vivir porque la vida se ha vuelto fea y triste y angustiosa como una habitación pequeña con vistas a un patio interior. Las pateras están saliendo de África otra vez y el mar se cobra su peaje de muertos, pero lo que África nos ofrece, sus manos, su gente sin trabajo, es lo que al parecer sobra a este lado del mar Sobre la pobreza han escrito los poetas cosas muy bellas y terribles, porque hace ya tiempo que los poetas escriben sobre el hambre y las pateras, sobre la injusticia y la muerte, y si no ¿de qué sirve la poesía?. Se acabó el mundo de la épica y se acabó la lírica. La poesía de nuestro tiempo es otra cosa. Dejando de lado los anacronismos, es amarga y fuerte, como la que escribe Antonio Gamoneda, a quien César Coca ha entrevistado hace poco para el diario El Correo. Antonio Gamoneda, que estuvo en Bilbao por la última Semana de la Poesía, esa que cada año tiene como epicentro la Biblioteca de Bidebarrieta, escribe mucho sobre la pobreza y sobre la muerte, porque escribe sobre el horizonte humano. Es muy poca la gente que no considera siquiera la posibilidad de que la pobreza esté en su horizonte. Sin duda eso les hace distintos, quizás implacables. La mayoría de la humanidad viene de la pobreza y corre el riesgo de volver a ella. Antonio Gamoneda fue un niño pobre, porque fue un niño huérfano: se murió su padre dejando a la familia en una situación precaria. Su historia se parece a la de las clases medias y bajas de Europa que creían que el hambre y la escasez eran cosas “tercermundistas” y que habían sido desterradas del presente y del futuro de sus vidas. Ahora han vuelto, ha regresado la pobreza. Se extiende en silencio. Gamoneda no tenía que haber sido pobre, las clases medias europeas de ahora no tenían que haber sido pobres.... Pero en un mundo en el que la pobreza existe, siempre puede girar la rueda de la mala fortuna. ¿Y qué vamos a hacer? ¿Y qué van a hacer los políticos? “Los políticos” dijo Antonio Gamoneda en su entrevista para el diario El Correo “son hoy en cierto modo virtuales. Funcionan manejados por el poder económico”...

Este artículo es una versión ligeramente más extensa del que se publicó en el diario El Correo el día 30 de octubre de 2012

Así en el cielo como en la Tierra

  Algunos días el tiempo se vuelve extraterrestre. E s por los cirroestratos. E xtienden su capa gris perla y la luz se e xtraña de sí mi...