martes, 24 de marzo de 2015

Puertas giratorias


El profesor Antonio García Berrio en sus libros de teoría literaria ha definido lo que él llama “esquemas de orientación y espacialización imaginaria”. Antes de mayo de 2014, o sus vísperas, el discurso político que resonaba a nuestro alrededor era algo estancado, una especie de tensión inútil lo mismo que el hombre (es decir, la especie humana) era una pasión inútil para Sartre. Desde esa fecha o por ahí se ha hecho más dinámico y se ha orientado mejor en el espacio. Ya no tenemos sólo el eje izquierda/derecha, que había adquirido una fijeza de habitación reflejada, ahora tenemos el eje arriba y abajo, que es claro y evidente para cualquier peatón del mundo, y que no pertenece sólo al título de una famosa serie de televisión británica de los años 70. Ahora tenemos discursos que ascienden y levantan, frente a los discursos que se mantienen y se sujetan, pero además tenemos metáforas espaciales que encajan en la realidad como una llave en su cerradura, y tenemos más lugares imaginarios por los que conducir nuestra visión de la actividad social y política.
El espacio y el pensamiento están íntimamente ligados, enredados como el cuerpo y el cerebro. El investigador Daniel Wolpert, que es ingeniero, médico e investigador en el campo de la neurobiología, afirma que la única razón por la que la naturaleza ha dado lugar al cerebro es la creación de movimiento adaptativo y complejo. El cerebro nace de la necesidad de movimiento dirigido en el espacio, de la necesidad de interactuar con el medio a través de ese movimiento, de la posibilidad de ejercer una influencia sobre el exterior. Eso lo saben bien quienes han puesto en circulación la imagen de las “puertas giratorias” y quienes usan los caminos circulares entre la administración pública y la empresa privada, entre la empresa pública y la administración privada, que eran sobradamente conocidos pero que ahora se ven de otra manera: mal y en forma de puertas giratorias. Estas puertas y el clientelismo forman una gran estructura orgánica que mirábamos como se mira la fatalidad. Lo ha dicho Manu Álvarez, corresponsal económico del El Correo, al comentar el “caso Kutxabank”. En menos de una década (o sea el tiempo que llevamos metidos en esto que se llama crisis económica) hemos pasado de ver estas “actuaciones casi con complacencia –como si fuese un mal inevitable–” a verlas con mucha, pero mucha “suspicacia”. El pensamiento tiene a menudo forma espacial, de lugar o de trayecto, de aproximación o de distancia, pero ninguna otra cosa puede expresar ese ir y venir, ese entrar y salir, ese subir y bajar que no sean las escaleras y los pasillos, las habitaciones, los ascensores y las puertas. Sobre todo las puertas, y más si giran y giran y giran...

(Este artículo se publicó en el diario El Correo el 10 de marzo de 1015)

lunes, 23 de marzo de 2015

Mural en un túnel



Esto es un mural en un pequeño muro, hecho con técnicas de collage y claroscuro, imágenes recortadas, videos que recomienzan sin fin, las caras de los ministros de Rajoy en un monte Rushmore de plastilina, arte pop y dibujo con espray negro sobre el azulejo amarillento del túnel. Es un muro en una estación por la que pasa un río de personas, es una pantalla de pantallas. Esperanza Aguirre desarrolla su show Aló Espe en un recuadro que desaparece de un sitio y aparece en otro y vuelve a aparecer siempre a la hora de los informativos. La exministra Ana Mato acude a un juzgado a recoger el auto del caso Gurtel y es abucheada por un grupo de preferentistas. Álvaro Lapuerta, tesorero del PP antes que Bárcenas, acude a un juzgado a recoger el auto del caso Gurtel, le rodean los preferentistas (no es que quieran estrecharle la mano). Jesús Sepúlveda, el ex de Ana Mato, sale del juzgado; Miguel Blesa sale del juzgado (otro juzgado o el mismo) y los preferentistas los quieren linchar (a ambos). Extraño país este que ha dado origen a un colectivo de personas llamado “preferentistas” donde “preferentista” quiere decir “estafado con acciones preferentes”. 
Pero sigamos con nuestro mural (mirándolo o haciéndolo): hay fotos del expresidente Aznar con Bush y con Blesa y fotos del presidente Rajoy con todo el mundo y fotos del pequeño Nicolás. También hay frases y pintadas.  

Titulares: 

El PSOE presenta la reprobación de Montoro por 'falta de colaboración con la justicia'

El bono social de la tarifa eléctrica deja sin protección a 22.600 usuarios en un año

26.500 familias perdieron su vivienda en 2014

Anticorrupción investiga un contrato a dedo al despacho que fundó Montoro 

 Tribunal de cuentas estudia un alquiler que firmó Alonso

Hay una tira cómica no demasiado cómica en la que se ve una figura que sale de la sombra hasta que le ilumina la luz plenamente y entonces comprobamos que va cargado de armas: es el ministro Pedro Morenés, ese caballero tan fino. Por otro lado se ve también también a Francisco Granados, ese caballero no tan fino. No falta la famosa foto de Alberto Nuñez Feijoo, actual presidente de la Junta de Galicia, con el narco Marcial Dorado en un yate, ni el ático de Ignacio González. No falta Rodrigo Rato haciendo sonar la campana de Bankia. No falta el entrañable José Antonio Monago jugando al pádel en el anfiteatro romano de Mérida. En una puerta giratoria bien grande está el ministro Luis de Guindos representando un viaje temporal que conecta el gobierno de Aznar y el de Rajoy, Lehman Brothers y la función pública, Renfe, Endesa y el ministerio de Economía.
  
Más titulares: 

Hacienda reclama 17.000 euros a un niño de cinco años tras el suicidio de su padre


Una mujer de 43 años se suicida en Antsoain tras no poder renegociar su hipoteca


Hay dibujos expresionistas bastante siniestros en los que se reconocen caras como la del comisario Villarejo o la del coronel Lezcano-Mujica. 
Lo peor, pues este mural ya es malo en sí mismo, es que no es más que uno de tantos y todos juntos forman un mural mucho más grande y pavoroso.

(Se publicó en el diario El Correo el día 17 de marzo de 2015 una versión ligeramente más corta y con dos titulares menos)

miércoles, 4 de marzo de 2015

Las chicas del club nocturno





Las chicas del club nocturno salen a veces
de dos en dos, de una en una,
al día que se estrella en sus gafas de sol.

Van a la oficina de correos o al supermercado,
van a mandar dinero a sus lejanas
familias de lejanos
países.

Van a la compra, visitan a un cliente.
Hablan por el móvil. Regresan de una cita.
Recogen el almuerzo en el bar.
Recogen el vestido en la tintorería.
Luego vuelven
a la calle, a la puerta, al piso,
al tramo de escaleras
que desciende.

Las chicas del club nocturno salen al día
poco y por turnos.

Hoy ríen, felices de verse así, casi libres
durante casi una hora.

A su alrededor, todo el tiempo del mundo
se compra, se vende.

Algún idiota las mira
con aire de superioridad.

Así en el cielo como en la Tierra

  Algunos días el tiempo se vuelve extraterrestre. E s por los cirroestratos. E xtienden su capa gris perla y la luz se e xtraña de sí mi...