lunes, 17 de noviembre de 2014

Adjetivos

Es una pena que los adjetivos se conciban como un adorno y se usen para que el tópico insustancial se haga presente junto al nombre. A veces parece que el lenguaje de la publicidad es ya todo el lenguaje, a juzgar por la frecuencia con que las playas son paradisiacas, los recuerdos entrañables, los “marcos” incomparables y los caldos exquisitos. Quizás, íi, el lenguaje de la publicidad tiende a ser todo el lenguaje, a invadirlo todo. Para ello debe matar al adjetivo, matar su poder de establecer relaciones o de detectar relaciones entre partes de lo real, su capacidad de entrar en la complejidad viviente de lo real. Cuando aparece antepuesto al nombre, como si fuera un epíteto, el proceso se ha completado y la palabra en cuestión ya no aporta nada: así las vacaciones merecidas pasan a ser merecidas vacaciones, es decir, vacaciones a secas pero con un pegote que alguna vez quiso decir alguna cosa.
El adjetivo no es un personaje inocuo que aparece brevemente en escena, saluda y se va, sin consecuencias. El lenguaje nunca es inocente, aunque el hablante pueda serlo. Cuando el adjetivo carga las frases con los topicazos, cursis o tremendos, de una realidad hecha para que no se vea lo real, no está siendo inocente. El adjetivo es especialmente útil para convocar en dos palabras esa afición que tiene lo real por las contradicciones y las paradojas. La realidad está siempre combinando y mezclando cosas, incluso en combinaciones que parecen imposibles. La realidad social hace eso. Y hace cosas que no vemos, pero aquello que está fuera del alcance de la vista a veces lo está por ser muy pequeño, como los diez elementos químicos que se han descubierto desde que Rubalcaba dejó la enseñanza, o por ser muy grande, como la galaxia de la que formamos parte según todos los indicios. Además hay muchas cosas que simplemente están fuera de nuestro foco de atención mientras los adjetivos saltan por los suculentos manjares y por todos los espectaculares espectáculos del mundo hecho espectáculo, a 24 dólares la entrada si se trata del mausoleo del 11S (nos lo contaba ayer Mercedes Gallego en este diario). La política misma, que es una cosa intrínsecamente pública, tiene un extenso lado invisible, como cuando Europa y los Estados Unidos de América negocian ese tratado comercial del que se habló antes de las últimas elecciones europeas y ya no se habla y nada se sabe, aunque cuando sea misteriosamente aprobado condicionará nuestras vidas. Quizás se trata de mantener oculto el origen de los marcos económicos, jurídicos etc que crean las condiciones de la prosperidad o de la ruina, de la libertad o la opresión, para que pensemos que son naturales e inevitables como los adjetivos que siempre están ahí porque los demás adjetivos han sido retirados de la circulación, porque ya no hay otros.


(Este artículo se publicó en el Diario El Correo el 1-7-2014)

lunes, 10 de noviembre de 2014

Pobres


Durante un par de noches plantó su tienda en el parque del centro de la ciudad y a los vecinos de la zona, a muchos, les pareció mal. Parece ser que les estropeaba la vista. Este hombre es dueño de una tienda igloo (o iglú), una bicicleta, una mochila y un perrillo de lanas. No ensucia los lugares donde se queda a pasar la noche, pero aún así a la gente, o a alguna gente, les parece que el orden del mundo se tambalea cuando la casa de este hombre, es decir, su tienda de campaña, amanece en el parque del centro de la ciudad. ¿Qué va a ser esto? Imagínate que a todos los pobres que estén de paso les de por acampar aquí. O lo que es aún peor, que lo hagan los pobres que no están de paso.

El hombre del perro de lanas mantiene la dignidad y mantiene la compostura, pero la vida en la calle es dura, tirando a terrible, y no todos los pobres de solemnidad que viven a la intemperie consiguen mantener la compostura, ni siquiera la esperanza por mucho que esta sea lo último que se pierde. Una mañana temprano, cuando aún no ha amanecido, subo por una calle céntrica de la ciudad y en las escaleras del Centro de Salud, antes Ambulatorio, hay un tipo barbudo y desastrado. Está amenazando a alguien con ir a dormir a su casa. El tipo grande y barbudo se queja y se enfurece y manifiesta con voz sonora haber sido robado esa misma noche mientras dormía en la acera de enfrente. Sólo por hacer una gracia, por divertirse, le han quitado un zapato y ahora nuestro hombre cojea y despotrica en la puerta del Centro de Salud, donde pretendía encontrar alguna ayuda y alguien le ha pedido, no sabemos si con educación y sin ella, que desaparezca.

El centro de la ciudad está lleno de indigentes porque el comedor de Cáritas y otros servicios sociales están en el centro. Hay quien querría fumigarlos y hay quien les ayuda, y por eso, y por los servicios sociales, ellos siempre están ahí. Por la noche no, por la noche casi todos se van: los albergues están lejos. Yo recuerdo que hubo un tiempo en que la mendicidad desapareció de las aceras. Ahora no sólo cada iglesia sino cada supermercado tiene su pobre, su pobre de pedir. Ahora tenemos nuestros pedigüeños de barrio, los que llevan más de diez años fichando diariamente en la puerta del mismo supermercado y hacen recados y conocen a todo el mundo, además de los pobres transeúntes y los que acaban de llegar a la calle y aguantan pensando que pronto la dejarán, que todo volverá a ser como antes. Pero si existe la expresión “pobres de pedir” es porque hay más clases de pobres, pobres que no piden en las aceras, pobres que aún tienen un techo donde ocultar su pobreza. La pobreza es un país ancho y fluctuante. Parece ser que en el mundo actual los ricos son cada vez más ricos pero hay cada vez más pobres. A ver si las dos cosas van a tener algo que ver...

http://www.huffingtonpost.es/2014/10/29/oxfam-informe-desigualdad_n_6069468.html

http://www.oxfam.org/sites/www.oxfam.org/files/bp-working-for-few-political-capture-economic-inequality-200114-es_0.pdf

Así en el cielo como en la Tierra

  Algunos días el tiempo se vuelve extraterrestre. E s por los cirroestratos. E xtienden su capa gris perla y la luz se e xtraña de sí mi...