lunes, 16 de septiembre de 2013

London 1963 (Remembering Sylvia Plath)

London, the winter of 1963
The Big Freeze.
With the grey and white and blue polar wind.
The River Thames is frozen.
Surely these memories cannot be mine.

The red brick houses with white joinery,
the grey and white and blue parks,
the snow on the paths.
Surely these memories are not my own.
They can't belong to 1963 and be mine

Maybe I saw the snow at Charing Cross where Edward the First had erected a cross in remembrance of Eleanor of Castille (as it is stated in Wikipedia)
Maybe I saw the dead leaves under the trees in Holland Park
when the first snow flakes of a lost year
were falling
Nevertheless it is impossible for me to remember
the snow of 1963,
nor can I recall Sylvia Plath coming out from Fitzroy Road 23,
nor the terrible cold of that winter.

I can't recall the light upon the snow, the white glare which did not keep off the cold
I can't recall  Brenda Lee singing a silly Christmas song,
nor the hand of cold pushing through space without notice.

I saw the snow. I couln't know the whiteness I was seeing was snow.
It was useless for me to see it or not to see it,
and the snow at Primrose Hill
where Sylvia Plath lived
so lonely with her children
was useless for her too.

It wasn't beauty, it brought no traveller back across the moors.
She was alone with her children, alone with those poems that the publishers didn't want.
It was December, after Christmas, when the Siberian wind arrived.
The pipes froze. The cold wouldn't go.
Go away, said all the children of London.
But the cold wouldn't. It wept and snarled,
it scratched the door and came in through the cracks of the world.
If only it hadn't been so cold that winter...

Sometimes there was no milk to buy in the shops,
sometimes the electricity went down and the heat would diez slowly
The Bell Jar was published on January 14th.
Snow got two feet high in Chelsea.
People survived the endless nights drinking whisky and playing cards,
they survived inside the frozen light, putting on and taking off their gloves so todo be able to write shorthand,
building igloos on the back garden if they were children,
bringing the groceries to their neighbours if they were good neighbours
who could reach the Grocer's

But the blue wind still called for the forlorn and the captives.
And despite some friends, and perhaps because she was living in the house where Yeats had dwelled for a short time
Sylvia Plath found out that
ghosts or children
are of no help in the season of stillness

when the world crumbles down and darkness beats like a cold heart in the centre of the night,
in the centre of the snow, which is blindness.

Autumn had been a riot of words.
It was the turn of deepness.

And then, one 11th of February, the world stood still, stood still in the grey and white air that had awakened.
The children found bread and milk on their breakfast tray.
Bread and milk for the teeth of winter.
And here are all these recollections which cannot be mine,
so clear, so precise, so pure in the winter wind.

domingo, 15 de septiembre de 2013

Nick Drake: Creo que me están dejando atrás

NICK DRAKE  I think they're leaving me behind

The tramp moves on to the end of the street
I listen to the echo of his hobnail feet
For some, there's a future to find
But I think they're leaving me behind.

The world hurries on at its breakneck pace
People fly in their lifelong race
For them, there's a future to find
But I think they're leaving me behind.

The chances they come, but the chances have been lost
Success can be gained, but it’s too great a cost
For some, there's a future to find
But I think they're leaving me behind.

The wind sweeps up and goes back to its tree
The rain flows by and moves to the sea
For them, there's a future to find
But I think they're leaving me behind.



Traducción al español (no literal)

El vagabundo avanza hacia el final de la calle;
escucho el eco de sus botas de clavos.
Para algunos hay un futuro que encontrar
pero creo que me están dejando atrás.

El mundo se apresura a paso de vértigo,
la gente vuela en una carrera que dura toda la vida.
Para ellos hay un futuro que encontrar
pero creo que me están dejando atrás.

Las oportunidades existen, pero todas se han perdido,
el éxito tiene un precio demasiado alto.
Para algunos hay un futuro que encontrar
pero creo que me están dejando atrás

Pasa una ráfaga de viento y vuelve a su árbol,
la lluvia fluye y pasa hacia el mar,
Para ellos hay un futuro que encontrar
pero creo que me están dejando atrás

sábado, 14 de septiembre de 2013

Favourite Songs: Nick Drake They're leaving me behind


Londres 1963 (Recordando a Sylvia Plath)

Londres, invierno de 1963.
La gran nevada.
El viento polar es gris y blanco y azul.
El río Támesis se ha congelado.
Es imposible que estos recuerdos sean míos.

Las fachadas de ladrillo rojo con carpintería blanca, los parques
grises y blancos y azules, la nieve en las aceras.
No es posible que estos recuerdos pertenezcan al año de 1963 o que sean míos.

Pude ver la nieve en Charing Cross
donde Eduardo I hizo erigir una cruz en recuerdo de Leonor de Castilla.
Pude ver la hojarasca bajo los árboles de Holland Park
cuando caían los primeros copos
de algún año perdido.

Es imposible, sin embargo, que recuerde la nieve del 63.
Ni a Sylvia Plath que vivía en el número 23 de Fitzroy Road
ni el terrible frío de aquel invierno
ni la luz en la nieve, el resplandor
que no ahuyentaba el frío,
ni a Brenda Lee cantando una estúpida canción navideña.

Si vi la nieve no sabía que era la nieve aquella blancura.
Y a Sylvia Plath no le sirvió de mucho
la nieve en Primrose Hill donde vivía
tan sola.

Sola con sus hijos, sola con sus poemas
que los editores no querían.

En diciembre, después de Navidad, llegó el viento siberiano.
Las cañerías se helaban. El frío no se iba.
Vete, decían los niños de Londres.
Pero el frío gemía y lloraba y rascaba la puerta
y entraba por todas las rendijas del mundo.

Si no hubiera hecho tanto frío aquel invierno...

A veces no se podía encontrar leche en las tiendas.
A veces no había luz y la calefacción se iba enfriando.
El 14 de enero se publicó La campana de cristal.
En Chelsea la nieve alcanzó dos pies de altura.

La gente sobrevivía en la noche interminable, en el corazón de la sombra,
bebiendo whisky y jugando a las cartas.
O dentro de la luz:
estudiantes de taquigrafía en aulas heladas, quitándose y poniéndose los guantes;
vecinos que traían la compra a los vecinos que no podían salir,
niños que construían iglús en el jardín de casa .

Pero el viento con su voz azul llamaba a los rezagados y a los tristes.
Y a pesar de algunos amigos, y acaso por vivir en la casa donde había vivido Yeats un breve tiempo,
Sylvia Plath descubrió que los fantasmas y los niños
no ayudan en la estación de la quietud,
cuando el mundo se despeña y la oscuridad palpita como un frío corazón en el centro de la noche
o en el centro de la nieve, que es ceguera.
El otoño había sido un furor de palabras.
Era, por tanto, el turno de la hondura.

Entonces, un 11 de febrero, el mundo se detuvo, se detuvo el aire gris y blanco
que había amanecido.
En la bandeja del desayuno los niños encontraron pan y leche.
Y aquí están todos estos recuerdos que no pueden ser míos,
exactos, claros, puros en el viento invernal.

(Del Libro Tierra Sumergida)

lunes, 9 de septiembre de 2013

Es la hora (Septiembre)

Septiembre ha echado a andar y las mañanas tienen una agitación viva e inquietante, maravillosa y angustiosa. Las tardes, por su parte, están algo  desorientadas. Una voz, una señal ha dicho “es la hora”. No lo ha dicho para todos a la vez. Lo está diciendo aún. Es la hora del gran regreso, una de las puertas del año. El simbolismo de las puertas del tiempo me parece imprescindible desde que leí a Mircea Eliade. Me parece muy conveniente que crucemos una y otra vez las mismas puertas, que se llaman verano, septiembre, otoño, Navidad o Año nuevo. Son un paisaje cultural que se repite sobre los ciclos naturales para que el mundo sea un poco menos impredecible y podamos compartirlo. Septiembre ha llegado y estamos cruzando una de estas puertas, que no es precisamente una puerta de la victoria, y enfrentando de nuevo el panorama que se agita y se enturbia en la extraña corriente de la historia de nuestro siglo XXI.
La necesidad de compartir y de pisar territorio común, de tener metas comunes y objetivos éticos forma parte de la naturaleza humana, pero hay gente que sólo se fija en esa parte de la naturaleza humana formada por instintos de agresividad y de oposición, de competición y de acaparamiento, cosas que se han cocinado en estados de escasez y de emergencia y que son la gran coartada de un sistema socioeconómico que los cultiva y los exprime. Que las personas somos malas y buenas, egoistas y altruistas, agresivas y pacíficas, racionales e irracionales, todo junto o a ratos, según individuos o fases o culturas, es algo tan evidente después del tiempo que llevamos observándonos que, si en conjunto fuéramos más inteligentes que idiotas, procuraríamos alimentar y utilizar aquello que en lugar de llevarnos a la destrucción nos puede evitar algunos de los infiernos que somos capaces de crear nosotros mismos.
Algo así es lo que dice Chistian Felberg, portavoz en Austria de ATTAC (Asociación para la Tasación de las Transacciones Financieras y la Ayuda al Ciudadano) y defensor de la “economía del bien común”. Esta gente de la ATTAC dice cosas muy interesantes y es una buena idea escucharles mientras cruzamos la puerta que nos lleva al próximo otoño caliente, a la flexibilidad laboral del embudo (la parte ancha es siempre para quien tiene el poder) y otras miserables tendencias. Susan George, presidenta de honor de ATTAC, decía hace poco que, entre las crisis que estamos viviendo, la de la democracia no es la menos importante. En fin, la democracia nunca ha sido perfecta, pero que vaya a menos en lugar de ir a más es desalentador. Felberg afirma que necesitamos una democracia distinta y, sobre todo, democracia económica. La suya es una voz de aliento. Otras voces dicen que estas cosas no son posibles, y es porque no quieren que lo sean.


(Publicado en el Diaro El Correo el 3-09-2013)

viernes, 6 de septiembre de 2013

Las cosas

Las cosas nos rodean como un segundo mundo natural y como una segunda naturaleza humana. Las cosas proceden del mundo natural y, en última instancia, son parte de él, puesto que todo procede del mundo natural, también lo que distinguimos con el nombre de “artificial” porque sabemos que es obra nuestra, aunque no consideremos que son artificiales los termiteros ni los nidos ni las complejas habitaciones de la mangosta africana, que sabemos que son obra suya. Las cosas pertenecen a ese segundo sistema dentro del cual vivimos, que se incrusta en los sistemas naturales y sobrevive cuando funciona como parte de los mismos, mientras que, si va a la contra, se convierte en una poderosa infección que acaba destruyendo al huésped junto con el anfitrión. Lo que llamamos civilización consiste sobre todo en la multiplicación de las cosas y lo que llamamos globalización es en parte la gran danza de las cosas a través de los continentes, su hibridación y fecundación, a veces su distorsión y su ruina. Vivimos rodeados de cosas y dentro de las cosas. Grandes cosas dentro de las cuales habitamos y pequeñas cosas que nos acompañan. Las cosas son el material, la forma, la función y el tiempo. Vivimos rodeados de cosas de otros mundos que estuvieron aquí, cosas a veces muy antiguas, a veces remotas, con frecuencia no tanto. Hay cosas jóvenes, muchas cosas recientes salidas del más poderoso sistema de producción de cosas que ha conocido la humanidad, pero como el tiempo social e histórico se ha acelerado tanto, estas cosas jóvenes en seguida se vuelven viejas. Hay cosas que han viajado por el tiempo de nuestra vida y cosas que han viajado por nuestro tiempo pero vienen de distancias mucho mayores y nos traen mensajes de otra humanidad. No es cierto que las cosas no tengan alma: las cosas son el alma. En los objetos que produce cada civilización se ve el alma humana, en general un alma colectiva. Más recientemente algunas cosas nos han permtitido ver también el alma individual, que es un invento relativamente nuevo.




miércoles, 4 de septiembre de 2013

Footage. English version of the poem Travelling, from the book Tiempo

Footage

After a quick tracking shot along the dark corridor
there's a panning shot of the room.
A jazz tune assails the quietness
and the lamp sheds a yellow print
on the cloths and papers scattered over the floor.
Your thoughts suddenly make a retrospective start,
then they return to the untidy place
–there's always a return–
and they retry their worthless struggle
bending their backs as waves would do.


There's no one in this room
except the invisible hero,
absurd and stubborn, for not in vain
wev'e already made use of a simile that approaches
the magnificent tedium of the sea on the shores.
The furniture is scant and the cold winter wind
pulls its dirty fingers through the inky gap
of the inky-black window.

Unsteady steps sound in the stairs
with the coughs of a drunkard. And your thoughts bend
their piercing stem of wishes
towards the past
trying to put in order the remainders of life,
the chaotic, indigestible waste
of the world elapsed.


There's no one in this room.
If only...
And the camera shuts it's eyelid of shadows.




martes, 3 de septiembre de 2013

Love Song (English version)

From the Book Tiempo (Time), 1992-1999
                                              Love Song
I don't want any happines
if you don't stay with me
so kiss me, kill me know
and the sky won't grow empty
inside the light of dawn,
hollow roofs won't appear
in an ignorant world.

I can foresee the light
falling upon the streets,
strangeness growing out there
like a river of cold,
a morning without purpose
a day already worn,
and no relief, no death.

I can think of tomorrow.
You'll be there no more.
So if the future keeps
some improbable day
of joy I do not care.
I do not want the prize.
All I want is you.

We wont be together
as we are today.
So if that's tomorrow
I give it away.
I ask to die now
by the warm uncounsciousness
coming from your sleep.

Your ignorant body,
this ignorant world,
they do'nt reply, they leave me
to the depth of my fear
I ask to die this moment.
No one listens to me
No one shall grant my wish.
 

lunes, 2 de septiembre de 2013

Escrito en Agosto (Arena)

El verano es una estación real y una estación virtual, una época del año y un territorio imaginario, una costumbre y un puñado de arena. Arena de la playa y arena del desierto que viene de África (viene quizás de Egipto, viene quizás de Siria). Viento sur, arena que se esparce fragmentando el aire. Luego está el agua del mar. Gotas de agua y reflejos, un flujo de minúsculas porciones, una borrachera de fragmentos. Algo así como abrir el periódico –abrirlo sobre la mesa del bar, abrirlo en la pantalla del ordenador– y leer los pedazos del mundo que se nos ofrecen como pedazos del viejo estadio de San Mamés preparados para colocarlos sobre el escritorio, la mesilla o la balda de los bibelots.

El verano trae su borrachera de fiestas y de excepciones, y agosto es la pura cima del verano, pero, a la vez, cruzada la mitad del mes, septiembre asoma ya con su manía de hacernos regresar a donde sea, de hacernos volver a cualquier cosa (quizás de hacernos volver al lugar de donde nunca nos fuimos). Por eso agosto está lleno de fiestas. Fiestas populares, Semanas Grandes, vírgenes y santos de agosto, hoguera del verano. No es casualidad: es un plan milenario para que nos tiremos de cabeza al torbellino antes de que nos rindamos a septiembre, es decir, a la vida prosaica, a la semana vestida con ropa de trabajo. Cruzada la simbólica mitad de agosto, nos quedan fiestas todavía para marear el tiempo y esperar un poco antes de afrontar lo que vuelve o lo que llega: las empresas cerradas, el déficit  en el presupuesto de la Sanidad Vasca, el paro estructural, el precio de los libros de texto... En fin, el gran regreso.

Hoy tengo la cabeza llena de  granos de arena en los que rebota la luz del verano y de gotas de agua que me recuerdan una discusión  mantenida por mi hija y sus compañeras de clase cuando estaban en preescolar. Querían dirimir si el mar era un contínuo homogéneo o una agregación de gotas. Al parecer las opiniones estaban muy encontradas. Las niñas de preescolar tienen una tendencia natural a la filosofía presocrática. Entre las aristas del día refulgen, cómo no, los datos económicos, y me fijo en que los de Francia son mejores que los españoles aunque en Francia no se hayan aplicado recortes tan drásticos como los que se aplican al sur de los Pirineos. Dicen que amaina la crisis, pero lo que amainará pronto es el verano, la tormenta de las fiestas  y los muchos días sin lluvia. Yo creo que sí, que vivimos sumergidos en un mar discontínuo de átomos, de pedazos, de cosas, y que a veces es difícil ordenar todo esto. Dicen que es la postmodernidad, una especie de playa cubierta por los restos de muchos naufragios. Estas palabras son cristales y reflejos, forman una pieza de una serie, se interrumpen para volver, serán otras. Agua o arena.

domingo, 1 de septiembre de 2013

Fenómenos Atmosféricos - Atmospheric Phenomena

From the Book Tiempo (Time), 1992-1999
Atmospheric Phenomena
Under the gray crowns
of the dirty trees
there's a fury of light.
June is passing by.
And spinning through the streets
like the days of the year,
the wind is running by
tearing posters of June.
Mixing up with the light
it's long and dirty fingers
the blue rain of June
sweeps across the streets.
Mixed with mud and gold
against the dirty floor,
the sun of June is creeping
in slow tatters of light.
And a siren is calling
for the tail of its yell
while the bridges are burning
and tear gas is spent.
The truck of death comes in
through the door of dusk
and gets lost in the streets
of the city in June
Light cold is a sign
for the night trains that move
by the river arousing
the sadness of late June
I've lost my name, my age,
my gender, my adress.
I have lost all my memories
since I forgot your name.
I don't know how to call you
or where to call you now.
I forgot being together
someday, someway, some June.
The past just doesn't hurt
there's no future ahead.
You're not by my side.
The world doesn't revolve.

Así en el cielo como en la Tierra

  Algunos días el tiempo se vuelve extraterrestre. E s por los cirroestratos. E xtienden su capa gris perla y la luz se e xtraña de sí mi...