Tele-economía, Tele-conexión


(Publicado en el Diario El Correo, edición impresa,
el dia martes 28 de febrero de 2012)



El comercio electrónico, o sea, el telecomercio, el comercio a distancia sostenido por la Red de Redes, ha vuelto a subir en España. En el último trimestre de 2011 el gasto en tiendas on-line españolas superó por vez primera lo que compramos de otros países a través de Internet. Es cierto que las tiendas on-line están en ese espacio virtual donde las únicas fronteras las ponen los idiomas, pero cuando hemos efectuado la compra entran en escena las distancias físicas y las aduanas. Por suerte las webs comerciales españolas son cada vez mejores, y además ahora tenemos Amazon.es, y quizás pronto podamos tener Netflix.es o, mejor aún, contemplar el crecimiento y desarrollo de Filmin o de Wuaki.tv, las dos grandes webs de alquiler de cine autóctonas. Esto ya es otra clase de producto: no el que que viene en su caja, sino el que se transmite por la Red como los datos o el dinero. Hablamos del texto, el programa, la imagen o la película. Este producto tiene el poder del teletransporte casi instantáneo, pero eso da mucho miedo, y se han creado para él fronteras legislativas y prohibiciones encubiertas. Gracias a Amazon, los grandes grupos editoriales y libreros españoles están por fin copiando la fórmula de venta de libros que funciona, y no entorpeciéndola (que tengan creatividad ya es mucho pedir). Comprar libros electrónicos a precios cada vez más convenientes y en condiciones beneficiosas tanto para el vendedor como para el comprador es posible (gracias a Amazon); comprar o alquilar películas on-line es más difícil. El rango de películas disponible en la Red es muy limitado y los precios todavía no convencen. Lo que resulta incomprensible es que se quieran cerrar las webs de descargas si Internet no forma parte de la economía del cine, como nos ha explicado el actual presidente de la Academia cinematográfica, Enrique González Macho. Para todo el personal cibernáutico que se descarga películas gratis y con virus sencillamente porque no hay forma de descargarlas legalmente, el futuro que González Macho aún espera ya está aquí. Es que el futuro llega cuando le da la gana, aunque hay quien se empeña en demorarlo porque le viene mal la hora de la cita. 


Es esta una época extraña: la economia se contrae pero el desarrollo de las telecomunicaciones continúa, afianzando esa extensión de la realidad por donde se prolongan las relaciones sociales y las transacciones económicas. La evolución de la Red y de la tecnología que sirve para estar en la Red (y hacerla) parece indetenible. Se anuncia ya una nueva revolución de las telecomunicaciones y apenas nos hemos adaptado a la primera. Esta mutación del mundo le da a nuestro tiempo su extraño sabor de expansión y decrecimiento simultáneos, de una forma de vivir en la que  aumentan los costes del transporte mientras triunfa el teletransporte de la información, de la imagen, de la palabra. Es el triunfo del telelibro, que es en lo que se han convertido los blogs, de la teleconomía, del telesexo y el telecine. Resuelta la forma de tener la puerta de Internet en casa, se busca el modo de que llevemos esa puerta siempre con nosotros, adaptando los artilugios y reduciendo los costes. La red hizo del ordenador un aparato para estar “conectados”, ha inspirado teléfonos que en nada se parecen a un teléfono, y ahora impulsa el desarrollo del tablet, que es tienda y biblioteca y videoteca y, sobre todo, teleconexión.

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