Malas prácticas

Publicado en el Diario El Correo el 17 de julio de 2012

Me gustó mucho el artículo de Kepa Aulestia titulado “Oportunidades perdidas”. En él se recordaba cómo en 2008 los líderes europeos proponían refundar el capitalismo, y cómo después la regulación de la economía financiera se ha ido dejando a un lado “en nombre de las urgencias que tenía esa misma economía financiera para recuperarse”. Es para llorar de risa. Aquellas declaraciones solemnes, aquellos firmes propósitos que se fueron dejando para mañana en la confianza y el deseo de que todo volviese a funcionar como antes; el impulso épico de la refundación del capitalismo, podríamos decir, se ha diluido y nos ha dejado en este charco en el que nada se funda pero todo se funde: Europa, el dinero, los sueldos, los ahorros, las prestaciones por desempleo, la confianza. Estábamos en una crisis de confianza, decían, y sólo la desconfianza ha crecido, ya que ha prevalecido el deseo de que las aguas volvieran a su cauce, y los bancos han vuelto o han seguido con eso que se llaman “malas prácticas”. Se llaman "malas prácticas" ahora que intervienen los tribunales; antes se llamaban “ingeniería financiera” o, como mucho, “venta agresiva” (que a menudo quiere decir estafa). Hace poco la cúpula directiva del Barclay's Bank cayó con un sonoro batacazo tras conocerse el resultado de una investigación de la Autoridad de servicios financieros del Reino Unido. El Barclay's y tres bancos más tendrán que indemnizar a los clientes a los que les vendieron gato por liebre y zorro por gato. “Productos financieros complejos”, parece que son. De paso se ha sabido que los bancos se ponían de acuerdo para manipular los tipos de interés. Ahora están siendo investigados por el departamente de justicia de Estados Unidos.
Algo similar ha pasado en España con la venta de acciones preferentes. Usted iba a su banco a renovar el plazo fijo de los ahorrillos y salía con un “producto financiero complejo” que vencía en 9999, número emblemático que puesto al revés nos da 6666, número diabólico. Un millón de ahorradores que creían estar renovando el depósito a plazo fijo o que no tenían ni idea de lo que compraban fueron asesorados por su banco para entrar en el camino de la ruina económica. Por eso una jueza de Cambados ha condenado a Novagalicia a devolverle sus 7.500 eurillos más intereses a un cliente al que, sencillamente, se le mintió para que firmara, y un juzgado de Girona ha condenado a Bankia a devolver 28.565 euros a un jubilado de 78 años que los había invertido en un producto tan complejo que ni la directora de sucursal que se lo encajó sabía bien qué le estaba vendiendo, por lo que no se lo pudo explicar. Bueno, pues cuatro años después de que Sarkozy proclamara “la refundación del capitalismo”, aquí estamos. Hasta la deuda pública es ya algo así como un producto financiero. “Controlan a la gente por medio del dinero de la propia gente”, se titula una información de Javier Muñoz sobre un libro de Louis D. Brandeis que está de plena actualidad, aunque se escribió (el libro) ¡en 1014!

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