Cajamarca no está lejos

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Artículo publicado en el Diario el Correo el día  31 de julio de 2012

 

 Cajamarca no está lejos. Está en Perú, pero hablan español allí, además de otras lenguas. Cajamarca está en el mundo, en este mundo nuestro donde el precio del oro sube y la vida humana puede valer tan poco. Está en el mundo de Internet y de los noticiarios y de las grandes multinacionales y de los conflictos que nos enfrentan a elecciones básicas. El agua o el oro, por ejemplo. Ollanta Humala, el actual presidente del Perú, hizo campaña en esta región de Camajarca y preguntó a la población si querían el agua y el oro. Parece que eligieron el agua. ‘Entonces haré respetar la voz del pueblo’, dijo Ollanta Humala. Pero ahora también quiere respetar los tratados comerciales y el proyecto de la mina Conga, impulsado por la empresa estadounidense Newmont y la peruana Yanacocha. Para convertir en realidad este proyecto es necesario destruir cuatro lagunas, utilizar 3.069 hectáreas de tierra y afectar 16.000 hectáreas en total. La población encontraría trabajo en la mina, pero también dependería de la mina para trabajar. Temen que la gran destrucción acabaría con la tierra fértil y los acuiferos de toda la zona. La experencia en casos similares es que se destruyen los recursos que sirven para vivir y sobrevivir mientras los recursos que se generan, la riqueza que alimenta los mercados de capitales, no suelen tocar a la población local, a los desplazados y condenados, a los que trabajan por un salario de miseria en la insalubridad y el peligro. No les toca la riqueza, salvo con una maldición que se ha repetido por todo el mundo, llevando la guerra y la miseria y las enfermedades que surgen de un entorno enfermo a los habitantes de los lugares en los que se extraen minerales preciosos. Así ha sido hasta ahora. ¿Por qué iban a creer las comunidades de Cajamarca que vaya a ser distinto en esta ocasión? No se creen nada. Fue aquí, en Cajamarca, donde Francisco Pizarro prometió que dejaría en libertad al Inca Atahualpa a cambio de un rescate de plata y oro, y donde, una vez que tuvo las riquezas, degolló al Inca y demostró lo que valía su palabra. Ollanta Humala quiere incluir en la Constitución de su país el derecho al agua, pero quiere hacer todo lo posible porque este derecho pueda compatibilizarse con la extracción de minerales, que supone un 60% de las exportaciones del país. “Es posible tener una minería con licencia ambiental y social”, ha dicho. Como esto no se ha visto hasta hoy, la población de Cajamarca se opone al proyecto Conga. Ha habido muertos y detenidos, entre estos últimos el activista Marco Arana, que cuando era sacerdote denunció delitos ambientales y violaciones de los derechos humanos causados por la minera Yanacocha. El Arzobispo de Lima le recompensó en 2009 privándole de sus funciones eclesiales. Marco Arana eligió entre el agua y el oro. Ollanta Humala piensa que no es necesario elegir, y Cajamarca cree que el agua siempre es más valiosa que el oro.


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