Para empezar el año

Para empezar el año, Rodrigo Rato, que fue gerente del Fondo Monetario Internacional cuando el Fondo Monetario Internacional aún no se retractaba de sus draconianas recomendaciones dirigidas urbi et orbi; Rodrigo Rato, que ha presidido Bankia (sí, Bankia), fue nombrado asesor de Telefónica, pues los portavoces de la operadora dicen con gran sentido del humor que esta designación va a servir para “reforzar la visión global” de la compañía.

La visión. Eso es lo que aporta el ejército de asesores, consejeros y aconsejadores que se mueven en los fértiles márgenes extendidos entre la empresa privada y la política, entre la empresa pública y las grandes corporaciones. La visión, la vista de lince para otear en los fértiles márgenes la proximidad de las crecidas periódicas. La movilidad también. Dicen que la movilidad es importante para poder encontrar un puesto de trabajo, pero si estás abajo en la escala social, ni por esas. Por contra, en el territorio de los grandes depredadores, la agilidad y la rapidez de reflejos, el saber (y poder) moverse de un puesto a otro es una cualidad y un hecho, una aportación y una premisa. Se mueven en un amplio plano horizontal pero también ascienden (siempre procuran ascender) mientras los demás mortales nos movemos básicamente hacia abajo, ya que la fuerza de gravedad nos da mucho peso. Arriba la fuerza de gravedad es más liviana. 

Para empezar el año, la fundación Encuentro (de esto me he enterado por un reportaje de César Coca en el Diario El Correo) presentó su “Informe España 2012”, que puede leerse completo en Internet, y uno de los aspectos que se analizan en dicho informe mereció ser titular de portada del Diario El Correo (8 de enero de 2013) en estos tiempos de inquietud social y enfado ciudadano cuando la gente se fija mucho en tales cosas.

Decía el titular: “El origen familiar pesa más que la educación para el ascenso social en España”. Valiente novedad, dijo una voz en alguna parte. Parece, sin embargo, que la movilidad social empezó a ser una fuerza activa en los tiempos de vacas gordas de la democracia y cuando la sociedad española empezaba a parecerse más a otras sociedades europeas, se nos ha ido a pique y encima se retiran recursos de los servicios que ayudan a compensar la desigualdad y a reducir las diferencias de oportunidades.

En Europa, el 22% de los hijos de obreros cualificados ascienden hasta la clase profesional más alta gracias a su formación; en España, son sólo el 15%. Este informe de la Fundación Encuentro nos dice, sí, muchas cosas que sabemos por experiencia, pero nos permite comprobar en las cifras hasta qué punto se trata de la experiencia de muchos. ¿Para qué sirve un título universitario hoy día sin su complemento de título de postgrado, ampliación de estudios en USA e idiomas? Para nada. Y si el hijo o el nieto de un obrero consiguiera todo eso descubriría que aún le faltan “las relaciones”.

Salvo que papá fuera concejal o mamá fuera parlamentaria. La familia pesa más que el mérito (o el demérito) para subir, bajar o mantenerse en la escala social. La Familia lo es todo en este país. También en los partidos, sean de derechas o de izquierdas, y no sólo eso, sino que cada partido es una Familia mal avenida compuesta por Familias menores que se enredan en luchas intestinas. La democracia española, finalmente, no ha servido para fomentar en la medida de lo esperado o de lo esperable (que no será lo mismo) la movilidad social, porque no ha servido para fomentar la igualdad de oportunidades. Pasado el primer momento de hervor y de nuevas incorporaciones a las élites que habitan las esferas de la decisión y el privilegio, el magma social empezó a solidificarse muy deprisa. Mucho antes de la crisis. Pero la recesión económica ha sido la puntilla. El sistema político, esta democracia que ha asimilado pautas ancestrales de su entorno, quizás porque ya estaban bien asimiladas de arriba a abajo, quizás porque era inevitable, no ha renovado la sociedad, sino que ha hecho del clientelimo y el nepotismo su forma normal de funcionamiento. Por eso la idea de que existe una “casta política” va calando en la población junto con otras amarguras y desafecciones.

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