lunes, 4 de marzo de 2013

Elefantes Blancos

No es verdad que la sociedad se quede sin valores cuando pierde los valores tradicionales, que, por cierto, no siempre son admirables. Un vendaval de éxito fácil ha recorrido España para quienes tuvieran un código moral laxo y estuvieran en posición y en disposicion de especular, de recalificar, de intercambiar favores, de fabricar elefantes blancos. Con el vendaval, se adoptaron valores nuevos, pero se conservaron algunos muy antiguos. La omertá ¿no es un valor tradicional? Y en todo caso, lo que parecía ejemplar a muchos, discupable a otros, era una mezcla de listeza rápida, bribonería y poder obsceno que ha ido contaminando las aguas subterráneas, los campos de cultivo y la arquitectura. Eran los valores dominantes, lo mismo que la estética hortera se ha vuelto poderosa en el panorama visual. En este clima, con buena intención o sin ella, con norte o con rumbo desnortado, se han fabricado muchos elefantes blancos, más todavía de los que creemos (que son muchos), y ahora están ahí, bajo el cielo, como grandes preguntas. Sus costillas son de acero y de hormigón armado y de nada. Están vacíos o a medio hacer o disimulan a duras penas la desproporción de su tamaño. España es famosa en el mundo tambien por estos elefantes blancos. La Ciudad de la Ciencia valenciana, ese sueño desmesurado, o la Ciudad de la Cultura gallega, ese fantástico despropósito, son los más conocidos. Son proyectos a los que no se les puede negar grandeza (demasiada) pero si hiciéramos un mapa por satélite de la piel de toro y fuéramos poniendo cruces en los “equipamientos culturales” y las obras públicas (o semipúblicas) de las últimas décadas ¿obtendríamos la imagen de un cementerio de elefantes? Es verdaderamente extraño. Por lo que respecta a la cultura, es como si hubiera estado en manos de gente que no sabía lo que era y en lugar de crear infraestructuras construía edificios. Pero lo más raro es que cuando las máscaras de los actores caen al suelo en todas las pantallas y los gobernantes de la Comunidad de Madrid se rinden fervorosos ante la próxima aparicion de Eurovegas en el inventario de lo real (convencidos de que nunca, nunca será un elefante blanco) todavía hay quien tiene el reflejo de invocar la cultura para darle un barniz estético al megaproyecto. El megaproyecto esta vez es privado, pero bastante público en los dos sentidos de la palabra, y tal vez por eso el presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, ha visitado los terrenos de Alcorcón donde va a producirse el milagro y ha dicho que será “el mayor complejo de ocio, cultura, negocios, convenciones y ferias” de Europa. Se le ha olvidado mencionar el sexo, las drogas, el rock and roll. Los casinos los ha mencionado de pasada. Sin embargo ha insistido en lo de la cultura. La cosa, según él, quiere ser el mayor centro de “oferta cultural” de Europa. Maravilloso.



(Publicado en el diario El Correo el martes 12 de febrero de 2013) 


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