Un toro llamado Ratón (Crónicas del derrumbe)

Murió el toro Ratón y su muerte fue noticia. Ratón es uno de los personajes de la gran esfera de narraciones y cosas virtuales en la que tenemos metida la cabeza como en una gran escafandra. No era un miembro de nuestra especie, pero estaba muy humanizado. No sé si era malo, no sé si los animales pueden ser malos, pero en caso de que lo fuera eso se debe a que la maldad es contagiosa. ¿Y usted qué hace escribiendo sobre el toro Ratón con la que está cayendo?, me pregunta un ente virtual que es una representación de toda la gente que cree que los animales son bibelots, fábricas de carne, juguetes, máquinas, y que no merece la pena perder ni un segundo hablando con ellos, perdón, quiero decir hablando de ellos. Pues yo hablo del toro Ratón porque me peta y porque, para su desgracia, era uno de nosotros. Víctima de malos tratos, estrella mediática, esclavo, juguete roto marcado por un trauma infantil, sicario, sólo le faltó ser estrella porno pero la fama le pilló un poco mayor y la edad no le permitía actuar como semental más que una vez cada dos o tres días, que dicen que es poco (para un toro). Su venganza ha sido morir de viejo en la finca donde llegaban autobuses de turistas a fotografiarlo. En las fotografías de sus actuaciones, Ratón, que tenía fama de sabérselas todas, siempre tiene un aspecto más noble que sus antagonistas humanos, no sé porqué será. Hay muchas fotografías de su actuaciones, corriendo por las calles de los pueblos, perseguido y persiguiendo a la turba. Y luego están todas esas fotografías que han hecho los turistas. Dónde habrán ido a parar, en qué poses y en qué amargas meditaciones le habrán pillado al toro Ratón los visitantes. Pero al fin, el viejo Ratón ha muerto de viejo. Esa es la noticia. Y que ha muerto, simplemente que ha muerto, porque aunque era un toro, era famoso, como los protagonistas de los reality shows, como los miembros de la Casa Real española, que tienen su propio reality show en los noticiarios y como Fernando Sánchez Dragó, que ya no es famoso por los libros que escribe sino por los pollos que monta y por las burradas que dice. Raton fascinaba. Tenía morbo. Sólo actuaba en las Comunidades Autonómas en las que no se sacrifica al toro después del delirio de peligro y brutalidad en que consiste el juego. En otros lugares el juego es peor, es puro sadismo y se comprende que haga peor aún a la gente que lo juega. Ratón era, por tanto, un profesional. Tenía experiencia y mala leche y era más listo que los ratones colorados. Quienes corrían delante de él o detrás de él tenían más valor que quienes corren delante de un toro novato, desde luego. Se le buscaba porque tenía peligro, porque mató gente, porque cada vez que corría por las calles de un pueblo en fiestas todos los presentes esperaban que matara a alguien, pero siempre a otro. Por eso tenía un caché de 10.000 euros. Se subían las cogidas a You Tube y se le hacían canciones, juegos para móvil y otros homenajes. La humanidad es muy extraña. Si nos olvidamos de que hay personas trabajando en ONGs que no son fraudes, si nos olvidamos de los nombres de la gente buena, que son pocos nombres, y de la silenciosa gente no hace peor el mundo, y a veces hasta lo mejora, y si miramos a las turbas que jaleaban a Ratón y le abucheaban cuando no embestía, las turbas del Circo Romano, los mercenarios que patean a sus prisioneros, los fanáticos y miserables que apedrean a las mujeres condenadas por un crimen que se ha hecho contra ellas... Si miráramos hacia el fanatismo y el odio, hacia la hipocresía y la crueldad, hacia la apisonadora del poder y los esbirros del poder que hacen su papel con entusiasmo y con satisfacción... Bueno, si sólo miráramos hacia ese lado, incluso sabiendo que ahí también hay víctimas, habría que borrarse, bajarse en marcha, darse de baja, desaparecer. Lo ha dicho Juan José Millás hace poco, que quería darse de baja de la humanidad. Lo ha dicho por otros motivos, pero son los mismos.

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