Poemas para la gente: Casa

A veces un mal sueño,
a veces sólo un sueño,
refugio o cárcel
la casa que contiene
toda una vida.

Herencia más pesada que la muerte,
qué colección de muros, dice
el atrapado entre sus muros.

En ella nada fluye
y las horas son lentas como el mismo
cansino andar de la ciudad,
la provincia,
la remota provincia que mira hacia lo lejos
para ver al final de cada ruta
la promesa podrida de las capitales,
fruto caído en tierra que se deshace y duele
cuando a su tiempo no se obtuvo.

La casa:
escenario y señal. Derrota sin impulso.

Pero ¿qué habrá más vivo
que este pequeño territorio
labrado en tu memoria, se pregunta
el que vive a su amparo?

Corredores y estancias que admiten la llegada
vigorosa del día, bien despiertos al sueño
cuando la noche trae sus lentos
mastines de tiniebla,
sus islas, sus quimeras.

Paredes que son carne y son espíritu,
y memoria por tanto. Con la noche
entran las sombras, los nombres de las sombras.
Con el día vuelven los nombres diarios.

¿Habrá más verdadera
vida que esta vida que discurre
sin otra aventura que ella misma
en su oscuro refugio por el que se desplazan
el mar de sombras con su hondura,
el aire tan liviano de la cumbre del día,
el año, el aire, el tiempo?

Llegar y ver crecer los años en sus muros.
Y ver crecer en ellos, suavemente,
la última cosecha.

Si ya todo es
memoria aquí no es necesario
recordar.

La casa
por ti recuerda.

(Del libro Poemas para la gente)

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