Es la hora (Septiembre)

Septiembre ha echado a andar y las mañanas tienen una agitación viva e inquietante, maravillosa y angustiosa. Las tardes, por su parte, están algo  desorientadas. Una voz, una señal ha dicho “es la hora”. No lo ha dicho para todos a la vez. Lo está diciendo aún. Es la hora del gran regreso, una de las puertas del año. El simbolismo de las puertas del tiempo me parece imprescindible desde que leí a Mircea Eliade. Me parece muy conveniente que crucemos una y otra vez las mismas puertas, que se llaman verano, septiembre, otoño, Navidad o Año nuevo. Son un paisaje cultural que se repite sobre los ciclos naturales para que el mundo sea un poco menos impredecible y podamos compartirlo. Septiembre ha llegado y estamos cruzando una de estas puertas, que no es precisamente una puerta de la victoria, y enfrentando de nuevo el panorama que se agita y se enturbia en la extraña corriente de la historia de nuestro siglo XXI.
La necesidad de compartir y de pisar territorio común, de tener metas comunes y objetivos éticos forma parte de la naturaleza humana, pero hay gente que sólo se fija en esa parte de la naturaleza humana formada por instintos de agresividad y de oposición, de competición y de acaparamiento, cosas que se han cocinado en estados de escasez y de emergencia y que son la gran coartada de un sistema socioeconómico que los cultiva y los exprime. Que las personas somos malas y buenas, egoistas y altruistas, agresivas y pacíficas, racionales e irracionales, todo junto o a ratos, según individuos o fases o culturas, es algo tan evidente después del tiempo que llevamos observándonos que, si en conjunto fuéramos más inteligentes que idiotas, procuraríamos alimentar y utilizar aquello que en lugar de llevarnos a la destrucción nos puede evitar algunos de los infiernos que somos capaces de crear nosotros mismos.
Algo así es lo que dice Chistian Felberg, portavoz en Austria de ATTAC (Asociación para la Tasación de las Transacciones Financieras y la Ayuda al Ciudadano) y defensor de la “economía del bien común”. Esta gente de la ATTAC dice cosas muy interesantes y es una buena idea escucharles mientras cruzamos la puerta que nos lleva al próximo otoño caliente, a la flexibilidad laboral del embudo (la parte ancha es siempre para quien tiene el poder) y otras miserables tendencias. Susan George, presidenta de honor de ATTAC, decía hace poco que, entre las crisis que estamos viviendo, la de la democracia no es la menos importante. En fin, la democracia nunca ha sido perfecta, pero que vaya a menos en lugar de ir a más es desalentador. Felberg afirma que necesitamos una democracia distinta y, sobre todo, democracia económica. La suya es una voz de aliento. Otras voces dicen que estas cosas no son posibles, y es porque no quieren que lo sean.


(Publicado en el Diaro El Correo el 3-09-2013)

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