COSAS DE BLAS DE OTERO I

En el libro Historias fingidas y verdaderas las cosas, las cosas compañeras, que son palabras o herramientas, elementos naturales mezclados con cosas artificiales, sobre todo cosas artificiales,  libros, papeles o barcos, adquieren un protagonismo especial, con sus ramificaciones metafóricas y sus relatos secretos y sus juegos secretos que el poeta saca a la luz. Esta breve antología de textos dentro de nuestra antología Las cosas podría titulares COSAS DE BLAS DE OTERO.





1. La lluvia

LA LLUVIA

La lluvia tiene diversas cualidades, entre ellas la de ser una de las palabras más originales, pues basta escribirla para ver la lluvia y oír su frágil sonido de hilo transparente, es preciso conservar limpia la memoria y dejar que la lluvia descienda por sí misma, ir andando por la calle sin apenas apercibirse de su compañía y caminar por el campo cuando cae la lluvia y tañen las hojas, o simplemente mirar la lluvia tra el cristal y sentirla en el sueño, todo esto sirve para escribir la lluvia y ver que es una de las palabras, sin duda, más parecidas a la lluvia.

2. Los libros.

ESCRUTINIO

Por todas partes, libros. Literatura, literatura. Libros de historia, libros de viajes. Por todas partes, paredes de papel, mesas de papel, flores de papel. Libros de filosofía, libros de economía. Y literatura, literatura. Crítica. Física. O sobre cine, sobre el mar, acerca de los pájaros. Y poesía, poesía primitiva y dela Edad Media, poesía del siglo de oro, de qué siglo; poesía de mañana.
He derribado montones de libros que me impedían andar, encontré en otros  verdades que presentía y en otros palabras dispuestas de modo distinto. Veinte, treinta libros que vuelvo a abrir y a mirar de cuando en cuando, cada vez más cauta pausadamente...

3. Los papeles.

PAPEL

El viento arrastra unos pequeños papeles de color –azul, crema, verde– por la plaza, los pájaros pasan rápido y un anciano camina al paso de su tardo bastón.
El papel se adapta al pensamiento con la misma facilidad que los ojos del gato a las sombras. No abráis nunca un sobre sin saber lo que vais a leer, pues hay percances que proceden exclusivamente de tal imprudencia, y toda la ciencia del hombre se reduce a unos cuantos papeles bien representados.
El papel estira sus posibilidades según sea la mano que asume sus límites, bien para esbozar un dibujo, bien para juntar unas pocas palabras por sí mismas inconexas.
El silencio del papel es aprovechado abusivamente por el novelista que no domina el diálogo, y ese ruida excesivo que en la banda sonora hace el papel no es más que un síntoma de protesta contra una serie de palabras que sobran en la película.

4. El espejo

EL ESPEJO

Las islas de la mar, los montes ante el poniente, un pájaro amarillo que desciende en triángulo, el río iluminado entre márgenes de juncos:aparecen y se deslizan, extáticos, en el fondo del espejo, a cuyo lado una ventana recorta el azul inocente de la aldea.
El espejo desdibuja bordes y las masas de color quedan encuadradas en un silen cio falso que anula perspectiva y volúmenes, así las figuras de una baraja sin estrenar.
El azul contiguo ha ido apagándose hasta no ser más que un ligero resplandor en los ojos. El espejo refleja la pared blanca y una silla, sola, de enea.

5. El aire y lo que lleva
EL AIRE

El aire mueve levemente las páginas del libro, esta es una de sus misiones principales; desconfiad del libro encerrado en sí mismo, de la sabias o hermosas palabras que se agostan al simple contacto del aire.
El aire cambia sus billetes a cada paso, billetes verdes del mar con la vuelta de las olas, monedas de cobre del otoño que suenan a nuestro paso matinal por el Luxemburgo.
El aire es la imagen de la libertad, sin estatuas tramposas ni antorchas trasnochadas. Balancea las altas ramas de las palmas a 90 millas de los multimillonarios miserables.
El aire es sabiduría y música del entendimiento. No hay diálogo posible si el aire falta, entonces la atmósfera se enrarece y el ciudadano se entontece.

6. Nubes, libros, naturaleza e historia.

LAS NUBES

La mañana exalta sus límites. Un vaho violeta desvae la cimas de las montañas.El vagamundo está tendido en un ribazo, las manos ea la nuca: contempla el lento trashumar de las nubes. En la hierba posan dos breves libros: el de Fernando de Rojas y los Pequeños poemas en prosa. El vagamundo entorna de cuando en cuando los párpados: por su memoria pasan hermosas palabras perdurables... El día colore con mano maestra el huerto cercano, las copas de los olmos, las ensoñadoras cumbres.
Las nubes se deslizan, serenas, por el hondo azul, metamorfoseando los bordes, tomando cambiantes formas de de islas, rostros, faunas incógnitas... Una nube morada fue dilatándose de sur a norte, estrechando y serpenteando sus riberas. Acaso adquiriendo una fugaz semejanza con Vietnam.
Un viento brusco revuelve las ramas, la luz se torna cárdena. El vagamundo alcanza sus libros, se incorpora lento y va descendiendo junto al regato que brinca como un guerrillero.
La paz se ha destrozado, y el cielo es una lamentable tienda de campaña.

7. Los libros, el puerto y la aduana

LA VIDRIERA DEL CONSIGNATARIO

Si todo lo que tengo, si estos libros desaparecen, si no corre la tinta, habrá que atribuirlo al clima, a la proximidad del mar por donde los barcos pasan con sus insignias y sus nombres pintados en la tarjeta de visita de eslora; si los extravía el viento o los esparce la desidia, si esto sucede con El baile folklórico, que lleva unas lindas láminas en color, o con la Antología 1935 de León Felipe que encontré en aquella sucia librería del mulato; todos estos libros que se salvaron del ciclón, y cómo se reproducen ante el espejo juntando el borde sus portadas, temerosos de separarse en cualquier tinglado del muell de un puerto desconocido: cerremos más fuerte los ojos y juguemos a la gallina cierga con la nña del aduanero, miremos después alejarse el barco en la neblina y no pensemos más en la gran arjeta de visita que viene volando entre las alas tontas de las gaviotas...



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